Lunes 1 de mayo

 

 

Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra.

Colosenses 3,2

Para que entendamos lo que Pablo escribe es necesario tener presente que entre los colosenses existen divergencias doctrinales. Hay quienes juzgan necesario venerar respetuosamente los elementos del mundo. Pablo enseña que Cristo es el Señor sobre todo el mundo.

Exhorta a buscar “las cosas de lo alto”. En términos prácticos esto es revestirse del nuevo hombre, vivir como alguien que busca “las cosas de lo alto”. Veamos: determinados días debían ser observados en los que ciertas comidas y bebidas eran prohibidas. En contrapartida a esto, Pablo enseña: si, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de lo alto, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. “Nuestro ser se basa en el ser de Jesucristo, que está sentado a la derecha de Dios Padre. Todo lo que pueda suceder en el ambiente en que vivimos, sea triunfo, sea fracaso; todo lo que nace y perece; siempre habrá una constante, algo duradero, algo que se sobrepone a todo: el hecho de que Cristo está sentado a la derecha de Dios Padre. Y no existe cambio histórico posible, capaz de alterar este hecho.” (K. Barth)

¡La vida, el perdón y el espíritu están por encima! El miedo y todo lo que nos pueda angustiar, perdieron su fundamento. Todos los poderes de este mundo perdieron su dominio. En Cristo, Dios se volvió ser humano, y su misericordia excede todo entendimiento. En lo alto, donde está Cristo, no hay muerte. La muerte fue vencida, la muerte está abajo. Esto nos lleva a respirar libertad. Están eliminadas todas las tentativas frustrantes de auto salvación. Y es en este espíritu de libertad donde las personas que creen llevan su existencia concreta aquí y ahora. ¡Vive así! ¡Trabaja así!

“El reino de Dios viene en verdad por sí solo, sin necesidad de nuestra oración. Pero en esta petición rogamos que también venga a nosotros.” (M. Lutero)

Osmar Lessing

Colosenses 3,1–4