Lunes 10 de julio

 

 

Pablo dijo a Bernabé: “Volvamos a visitar a los hermanos que están en las ciudades donde ya hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo se encuentran”.

Hechos 15,36

Formar parte de la iglesia de Cristo es integrar una comunidad, una comunión que se hace visible cuando nos reunimos para celebrar el culto y escuchar la palabra de Dios, para participar de la Santa Cena. También esa comunión se prolonga y celebra cuando “visitamos” a alguien para animarlo en su fe. Para hacerle sentir que no está solo. Para compartir y sostenernos los unos a los otros.

Cuando nos encontramos entre amigos queridos, decimos: ¡vengan a visitarme! O si nos enteramos de que alguien está en el hospital, agendamos como compromiso personal una visita al enfermo.

Muchos saben que provengo originalmente de otra tradición cristiana a la luterana y siempre me llamó la atención, al formar parte de la IERP, que las visitas eran una modalidad valorada y requerida. Se hablaba de hacer visitas, o cursos para  aprender a visitar y así formar un grupo de visitación. Se espera que los que somos pastores o pastoras visitemos a sus miembros. Es algo valioso y admirable de nuestra tradición.

La visita tiene un sentido profundo. Hacemos visible que somos importantes y valiosos. Es una práctica que va más allá de la persona del pastor o la pastora. Una iglesia que visita a sus miembros y a los que no lo son, es una iglesia que testimonia esta vida en comunión. La visita no debe ser para “curiosear” qué tenemos en nuestras casas, o para enterarnos de las noticias que aún no sabemos sobre la vida de quien visitamos. Es para animarnos, es para acercarnos más entre nosotros. Es para que la comunión que vivimos en el templo se haga visible y se prolongue en nuestros barrios y ciudades.

No perdamos esta práctica que nos identifica como una iglesia que es cercana y que busca seguir acercándonos. Estamos remando contra la corriente. El individualismo, el “sálvese quien pueda” “que cada uno se arregle” no deben tener lugar entre nosotros.

¿Y si te animás, das el primer paso y vas saliendo rumbo al encuentro de alguien?

Sergio López

Hechos 15,36-16,5

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