Lunes 21 de junio

¿Por qué fuiste a visitar a los que no son judíos, y comiste con ellos?

Hechos 11,3

¿Por qué tuviste tiempo para visitar a ella y no a mí? ¿Por qué estudiaste teología? Probablemente ustedes conozcan este tipo de preguntas. Preguntas que te ponen en el lugar de explicar o aun justificar tu decisión o tu comportamiento. Y a veces uno se siente como una niña chiquita preguntada por los papás: “Hija, ¿por qué fuiste tan petulante con este hombre?”

Yo me pregunto si Pedro se habrá sentido así cuando los apóstoles le preguntaron a él: ¿Por qué fuiste a visitar a los que no son judíos, y comiste con ellos? Por lo menos parece que se sintió obligado a justificarse. Sigue una larga explicación. Las razones por las cuales Pedro actuó como actuó son varias: una visión, la voz de Dios que le dijo lo que era correcto, un hombre que lo llamó a él por consejo de un ángel para salvar a su familia, la aparición del Espíritu Santo. Esta historia que nos cuenta Pedro parece casi mágica. Con estos detalles logró convencer a los apóstoles. Hay un detalle en particular que me convence a mí. El rol del Espíritu Santo. Si encontramos al Espíritu Santo, entendido como el amor de Dios, no hay nada para justificar. Hay un montón de cosas que cada uno no entiende hasta que lo desaprueba. Sea lo que fuere en tu caso, si hay amor verdadero, el Espíritu Santo, hazte la misma pregunta que Pedro se hizo: ¿quién soy yo para oponerme a Dios? (v. 17)

Annika Wilinski

Hechos 11,1-18

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