Lunes 22 de junio

Pero ¿será verdad que Dios puede vivir sobre la tierra? Si el cielo, en toda su inmensidad, no puede contenerte, ¡cuánto menos este templo que he construido para ti!

1 Reyes 8,27

¿Dónde vive Dios? ¿En el cielo, allá arriba, tan lejos pero tan lindo lugar? ¿En el templo de Salomón o en los templos de las diferentes iglesias?

Si de algo se da cuenta el autor de este versículo, es que Dios es grande, inmenso, incontenible, incapaz de estar preso o encerrado.

Lamentablemente muchas veces se dice que Dios está encerrado en tal o cual templo, en tal o cual momento, casi que se le hace una agenda a Dios sobre su actuar. Me refiero a cuando le ponen a Dios día, hora y lugar para sus milagros. Cierto es que a Dios nadie lo puede contener. Pero lo más maravilloso de Dios es que Él quiere acercarse a nosotros, Él es ese Dios que se acerca, es ese Dios compañero que en muchos lugares y momentos nos visita, nos acompaña, camina junto con nosotros, a nuestro lado, en la calle, en la escuela y también en los templos.

Vivamos esa dicha de tener un Dios que vive en nuestra vida porque nos ama, porque nos comprende, porque nos guía, porque nos espera, porque le pone sal a nuestro día a día y alumbra allá adelante cuando las dificultades de la vida hacen lento nuestro andar. Vivamos esa gracia de tener un Dios que perdona, que consuela, que no condena, que no castiga, que no lo podemos encerrar entre paredes y que sus tiempos son diferentes e iguales a los nuestros.

Disfrutemos de un Dios que es simplemente Dios y por eso amorosamente incomprensible, pero felizmente palpable en nuestro corazón. “¿Dónde está Dios?, Dios está en vos. ¿Cómo es Dios?, como Cristo en vos. ¿Dónde está Dios?, Dios está en vos”. (Canto y Fe Nº 232)

Armando Weiss

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