Lunes 26 de noviembre

 

En aquel día, el retoño que el Señor hará brotar será el adorno y la gloria de los que queden con vida.

Isaías 4,2 

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No se cómo te sentís en este momento, ni cómo fue tu día de ayer. No tengo la posibilidad de saber de cada uno de quienes leen esta reflexión. Tampoco puedo saber de todas las que en algún momento de su atareado día hacen una pausa para escuchar hablar a Dios.

Pero más allá de ello hay una promesa de Dios anunciada por Isaías válida para nosotros. Personas desconocidas y distantes, pero con una misma fe y una misma esperanza. Tan distintos en nuestros caminos, pero fortalecidos en ellos por la gracia y por el amor de Dios.

Este anuncio de Isaías nos regala la promesa de que Dios no nos abandona en el camino de la vida, sino que decide permanecer a nuestro lado para hacer brotar un retoño nuevo. Todos vivimos situaciones que nos dañan, que nos quitan las fuerzas, que nos oprimen; no sólo personalmente sino también como pueblos y sociedades. Dios anuncia que en medio de esas situaciones hará brotar un retoño nuevo. Ese retoño es Cristo, quien carga con nuestros dolores, quien nos anima a seguir adelante. Es su amor y entrega, lo que nos regala nuevas fuerzas. ¡Confiemos nuestra vida, con todo lo que vivimos cada día, en sus manos!

Querido Dios, hay días en los que me siento agotado, sin saber de dónde conseguir fuerzas. Te pido que renueves en mí la fe en ti y la esperanza que sólo nos regala tu promesa de vida. Guíanos en el camino que recorremos cada día y sostennos con tu amor.  Amén.

Christian Stephan

Isaías 4,2-6