Lunes 28 de diciembre

Llevaron al niño a Jerusalén para presentárselo al Señor.

Lucas 2,22

Lentamente se va terminando el año. Quedan en nuestros recuerdos los lindos momentos vividos en familia y en la comunidad alrededor de las celebraciones de Nochebuena y Navidad. Es la época en la que festejamos con nuestros niños en la comunidad. Con los hijos o nietos, con tradiciones y costumbres diversas que nos son caras. Impactante, muchas veces su inocencia en relación las situaciones de la vida.

Vale la pena hacernos las preguntas: ¿qué fue lo más significativo para nosotros en esos encuentros? ¿Qué nos acompaña hasta hoy de los encuentros vividos? Cada uno responda esas preguntas con sinceridad.

La familia de José, María y el niño Jesús, nacido en Belén nos dan un testimonio hermoso e inspirador de la convivencia en el día a día. Al llegar a la edad prescripta, simplemente cumplieron con los preceptos de su fe y realizaron el viaje, nada fácil, para llevar al niño a presentárselo al Señor en el templo de Jerusalén.

María recordó las palabras del ángel, que le había indicado el nombre a poner a su niño: Jesús, el Salvador. Así lo hizo junto a José, sin preguntar, cuestionar o querer poner un nombre que estuviera más a su gusto. Ellos vivieron los momentos con respeto y recordando lo importante y significativo para el camino de sus vidas. Sencillamente y con humildad, viviendo las enseñanzas recibidas. Dieron testimonio de su fe, confianza en la palabra escuchada.

Personalmente recuerdo con mucho cariño las celebraciones de Nochebuena en el marco de una familia numerosa. La magia de los preparativos a puerta cerrada. El deslumbramiento cuando se abría esa puerta: las velas, las luces en el arbolito, las imágenes en el pesebre, los himnos que cantábamos, los regalos por supuesto. Recién los podíamos recibir y abrir después de haber escuchado el relato del nacimiento del niño Jesús. Porque los regalos venían de él, que es el regalo que Dios nos hace a cada uno. Recuerdo esas celebraciones como un encuentro sencillo y emotivo, con fe y cerca de la comunidad.
¿Qué testimonio damos nosotros de la Nochebuena?

Lucas 2,21-24

Everardo Stephan

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