Lunes 7 de agosto

 

 

Pablo contestó ¿Por qué lloran y me ponen triste? Yo estoy dispuesto, no solamente a ser atado sino también a morir en Jerusalén por causa del Señor Jesús. Como no pudimos convencerlo, lo dejamos diciendo: Que se haga la voluntad del Señor.

Hechos 21,13–14

El Apóstol Pablo se encuentra en una situación difícil. Quiere ir a Jerusalén pero esto es muy riesgoso y conlleva la posibilidad de morir. La gente, y en especial las personas más cercanas a Pablo, tratan de persuadirlo para que no vaya por la posibilidad de entregar su vida. Sin embargo, Pablo se aventura y va a Jerusalén. Sabiendo lo arriesgado que era ese viaje, todos lo dejan en manos de Dios diciendo: “Que se haga tu voluntad”. En nuestra vida y en la de los seres queridos que nos rodean hay veces que estamos cerca del límite entre la vida y la muerte. Buscamos refugio en la oración, a ver si Dios nos ayuda, siempre pensando en que Dios está a favor de la vida. Y cuando el resultado de nuestros pedidos no es el deseado, hasta nos enojamos con Dios, porque no hizo caso a nuestros pedidos y no actuó en la manera y en la forma en que lo hubiéramos deseado.

Allí, y todos nuestros pedidos, deberían finalizar así como lo hizo Jesús a horas de ser crucificado en el monte de Getsemaní cuando oraba: “Padre, para ti todo es posible, libérame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” (Marcos 14,16). Este debería ser siempre el sentido de quien ora, que pide un deseo: que por sobre todas las cosas se haga la voluntad de Dios. Aunque a veces no estemos conformes con el resultado. Dios sabe el por qué. Y a él debemos entregarnos confiando que él hará de acuerdo a su voluntad y todo con un propósito para nuestras vidas. Y de ello poder comprender siempre que todo está en manos de Dios. Él tiene la autoridad sobre todo, y sobre todos. El que cree debe entregarse a él, confiando que hará lo que es justo y que en cuestiones de límites entre la vida y la muerte él sigue teniendo el poder y la autoridad siempre.

Arturo Heil

Hechos 21,1-14