Martes 14 de julio

“Déjame dar a mis padres un beso de despedida, y luego te seguiré”. “Puedes ir, dijo Elías, pero recuerda lo que he hecho contigo”.

1 Reyes 19,20

Si uno compara la época de Elías y Eliseo con la de hoy podrá notar muchas diferencias. Hoy los hijos permanecen más tiempo en sus hogares, por no decir que no se quieren ir de la comodidad de la casa. En aquella época, si no se quedaban a labrar la tierra, cuidar de los animales o de los padres ya ancianos, se iban de su hogar a temprana edad. El ser profeta de Dios implicaba una renuncia y un compromiso inusual a la tarea que se le encomendaba.

Algunos profetas no volvían a ver sus padres con vida. La familia no podía ser un obstáculo para profesar y vivir una fe comprometida al llamado de Dios. Hasta hace unos años, la familia cumplía un rol importante en el acompañamiento y formación cristiana de sus hijos. No solo porque participaban más de la vida espiritual de la Congregación, sino también porque de muy temprana edad, inculcaban esos valores y hábitos espirituales a sus hijos. Eso no se discutía en la casa, no era una opción, sino un deber.

Hubo un quiebre de aquel tiempo al presente. Hoy se consulta más a los hijos en lo que quieren hacer y en muchas cosas deciden ellos más que los padres. Obviamente lo lúdico y recreativo se posiciona por encima de lo formativo intelectual. Entonces nos encontramos con niños y jóvenes que no quieren estudiar, que no quieren trabajar, que no quieren hacer el curso de confirmación o ir a la iglesia. Padres que dejan a criterio de sus hijos. Padres que se han despreocupado de cultivar su fe. No es importante en la agenda de sus prioridades.

Tenemos que volver a recordar lo que Dios hizo y hace por cada uno de nosotros todos los días de nuestra vida. Recordar que la educación cristiana colabora con nuestra participación ciudadana. Hay un llamado y un envío. Hay una responsabilidad que me compete a mí y nadie más, si quiero y deseo vivir en una sociedad mejor y que sea una oportunidad para otros. Que la iglesia no solo vive y actúa por la gracia de Dios, sino que también se fortalece y multiplica a través de las voluntades de sus miembros.

Jorge Buschiazzo