Martes 25 de abril

 

 

Ahora me alegro de lo que sufro por ustedes, porque de esta manera voy completando, en mi propio cuerpo, lo que falta de los sufrimientos de Cristo por la iglesia, que es su cuerpo.

Colosenses 1,24

¿Alegrarse por sufrir? Muchas veces sentimos que las cosas nos salen mal, que los amigos se van alejando o que no logramos alcanzar la anhelada felicidad; que la salud se va deteriorando, que la familia se desarma o que algún ser querido se va de en medio nuestro o…simplemente sufrimos. Todos pasamos por experiencias similares.

Para peor, algunos lucran con el sufrimiento ajeno. Hay grupos religiosos que usan el dolor como slogan para captar gente.

Todos los que hemos pasado por algún momento difícil y logramos ponerlo en manos de Dios sabemos que ese sufrimiento fortalece.

El Apóstol Pablo habla de alegrarse en el sufrimiento. Sabemos que duele, pero también enseña. Nos ayuda a crecer, a valorar lo que tenemos, a no aferrarnos a castillos en el aire… Necesitamos de ese sufrimiento para aprender a aferrarnos a Dios y su amor.

Pablo habla de sufrir por los demás. En su ministerio pasó por muchos momentos críticos: cárcel, apedreamientos, naufragios, burlas. Pero él sabía que detrás de todo eso estaba la gloria de Cristo y el fortalecimiento de la Iglesia.

Pablo sufría por las comunidades que iba formando, porque la convivencia era (y es) difícil. Aunque querían vivir en esa nueva vida de Cristo, no lograban articularla en la práctica.

Siento que hoy la Iglesia también sufre. Sufre la indiferencia de muchos, sufre los ataques de ideologías y filosofías que buscan destruirla, sufre divisiones internas, peleas entre sus miembros, crítica entre las distintas denominaciones cristianas.

Y también sufrimos por la Iglesia….Pero la Iglesia es de Cristo, no nuestra. Y Cristo es el que la sostiene y fortalece. Y si sufrimos, tal vez sirva para fortalecer nuestra fe.

No sé si puedo decir que me alegra sufrir en la vida personal, ni por la causa de Cristo. Pero lo que sí sé es que en medio de cada experiencia dolorosa puedo aferrarme a Cristo y dejar todos los sufrimientos a él, y él hará.

Pablo Münter

Colosenses 1,24-29