Martes 4 de agosto

 

También dijo: “¿Con qué vamos a comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola podemos usar para describirlo? Es como un grano de mostaza: cuando se siembra en la tierra, es la semilla más pequeña que hay, pero una vez sembrada crece hasta convertirse en la más grande de las hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves pueden anidar bajo su sombra.”
Marcos 4,30-32

Con esta parábola Jesús nos enseña que por más “pequeña” que creamos que sea nuestra fe, lo importante es que si la depositamos en Dios y enfocamos nuestra vida en continuar sus enseñanzas, tenemos la promesa de que nuestra vida tiene sentido y podremos disfrutar de su gran amor.

Jesús nos recuerda que los principios son lentos o pequeños para que no nos desalentemos. Él puede convertir algo muy pequeñito en algo mucho más grande de lo que nos podemos imaginar.

Su reino está puesto en los corazones de las personas. Inicia con la siembra de su palabra, como la siembra de una semilla de mostaza en el campo, como algo muy frágil, para muchos insignificante. Pero esa semilla no se queda simplemente como una semilla, sino que crece y se convierte en una planta con abundante follaje y fruto. Algo similar debe pasar dentro de nosotros mismos haciendo crecer esa semilla que Jesús sembró en nuestra vida.

¿Qué les parece si cada día regamos ese amor de Cristo para hacerlo florecer en nuestras familias y comunidades? Así podemos contagiar a las personas que nos rodean y ser reales mensajeros de que una vida enfocada en sus enseñanzas es el mejor regalo que hemos podido recibir.

Guillermo A. Mohr

Marcos 4,30-34