Martes 4 de mayo

Todavía estaba yo hablando y orando, y confesando mi pecado y el de mi pueblo Israel; todavía estaba yo derramando mi ruego ante el Señor mi Dios en favor de su santo monte, y orando sin cesar, cuando hacia la hora del sacrificio de la tarde vi que Gabriel, el hombre que antes había visto en la visión, volaba hacia mí apresuradamente.

Daniel 9,20-21

Posiblemente te hayas preguntado: ¿Escucha Dios todas nuestras oraciones? ¿Cuánto tarda Dios en responder a nuestros ruegos y plegarias? ¿Cómo hay que orar?

Daniel nos cuenta que cuando todavía estaba orando, confesando sus pecados, abriendo su corazón a Dios, ya en ese instante volaba rápidamente hacia él Gabriel, el enviado de Dios, para atender sus pedidos.

La oración de Daniel tiene tres características: Confesión de pecados, ruego con el corazón abierto y constancia en la oración. La oración al modo Daniel ciertamente es para nosotros una poderosa ayuda para guiarnos, sostenernos, animarnos en lo personal y comunitario en la Iglesia.

Oremos como Daniel con esperanza y fe en el nombre de nuestro Altísimo Dios que su gloria y su misericordia se manifiesten en nosotros. Derramemos nuestros ruegos sin cesar delante del trono de Dios. El hará de acuerdo a su voluntad y nos guiará seguros entre las tempestades de nuestras vidas terrenales.

Tengamos en oración diariamente a nuestras familias, nuestras metas, sueños e ilusiones. Oremos por nuestra iglesia, sus familias, sus colaboradores. Oremos por nuestro país y sus gobernantes, oremos con fervor y sin cesar. Nos confirma Isaías 65,24: “Antes de que me pidan ayuda, yo les responderé; no habrán terminado de hablar cuando ya los habré escuchado.” Derramemos nuestro corazón delante de nuestros Creador, Él responderá.

Fabián Pagel

Daniel 9,20-27

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