Martes 6 de marzo

¡Siento en este momento una angustia terrible! ¿Y qué voy a decir? ¿Diré: Padre, líbrame de esta angustia? ¡Pero precisamente para esto he venido!

Juan 12,27

¿Qué más podemos esperar de Jesús? ¿Qué otra cosa puede hacer Jesús? Si algo le queda pendiente de hacer en su ministerio, lo hará pronto. Los mecanismos del mal para sacarlo del medio, donde Jesús vino a traer un poco de luz, ya están puestos en marcha.

La cruz ya espera en alguna parte, a punto para ser usada. Jesús lo ha hecho todo; lo ha dado todo; incluso va a dar ya su vida en unas horas.

Como hombre siente preocupación, una angustia terrible… Y contesta con palabras que quizá nos desconciertan: “…para esto he venido”. Así como desconcertaron a la gente de aquel tiempo, y no lo entendieron.

Los discípulos sólo tienen una cosa que aprender y no olvidar: hay que amar, amar sin fin; amar como él, sin segundas intenciones o intereses personalistas.

Ya no hay nada que enseñar, nada que decir; sólo vivir esos instantes intensos de amor que todo lo llena, todo lo desborda; esos instantes de amor que superan el temor a la muerte.

Jesús “necesita” darlo todo; lo que tiene y lo que no tiene; no es momento para los discursos sino para la vivencia. Y una vivencia dejada como testamento para los discípulos; no teorías, no doctrinas, no leyes: amor, amor al prójimo, amor al que sufre, amor al que está solo. Eso nos deja Jesús. Para eso ha venido.

Mario Bernhardt

Juan 12,27-36