Miércoles 20 de noviembre

 

Dichoso el criado a quien su amo, cuando llega, lo encuentra cumpliendo con su deber.

Mateo 24,46

Jesús muestra en la parábola que el amo, que a su regreso encuentre a su criado siendo fiel, lo pondrá sobre muchos bienes. Al contrario, si el criado se confía pensando que su Señor, su amo no lo castigará porque es su criado, y obra mal, no siendo responsable, y justificando su desobediencia en que aun tiene tiempo para obrar así, será sor-prendido por el amo que llegará de sorpresa, y le tocará el mismo castigo que a los hipócritas.

Por eso Jesús enseñó esta parábola de un criado que pensó que su amo tardaría en volver y que tendría tiempo de pecar y, tal vez, arre-pentirse después. Sin embargo, Jesús indica claramente, cómo ese siervo que pecó y fue encontrado infraganti, lo colocará en el lugar de los infieles. Justamente, conociendo la voluntad del Señor y no cumpliéndola, será castigado más severamente que aquél, que siendo digno de castigo, no conocía la voluntad de Dios.

Algunos cristianos viven tranquilamente alejados de Dios, sin arrepentirse de no cumplir las leyes de Dios y sin santidad, pensando que no importa morir sin admitir su culpabilidad, creen no perder su salvación. Esta parábola ilustra que Dios viene de sorpresa y nos observará en nuestras actitudes y respuestas a su voluntad. Los criados infieles serán echados afuera.

Como dice Juan en su primera carta: “el que hace caso de la palabra, ha llegado a amarle perfectamente, y de ese modo sabemos que estamos unidos a él.”

Carola Christ y Sebaldt Dietze

Mateo 24,45-51