Miércoles 24 de julio

 

Cuando ayudes a los necesitados, no lo publiques a los cuatro vientos, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente hable bien de ellos.

Mateo 6,2

¿No será que podemos borrar este versículo del mensaje de Jesús? Porque lo importante es que ayudemos al necesitado. Y, para decir la verdad, debemos estar contentos de encontrar personas que ayudan al prójimo. Leemos en la Biblia, y aprendemos en casa, que debemos ayudarnos mutuamente. Una abuela que quiere cruzar la calle, pero hay mucho tránsito, y aparte carga una bolsa muy pesa-da… claro que le voy a ayudar… – si tengo tiempo. Pero también quiero que todo el mundo me vea. Que reconozca qué buen chico soy. Y cuando llego a casa, por supuesto que se lo voy a contar a mamá. ¿Qué hay de malo en esto? ¿Por qué Jesús dice que tengo que callarme?

Porque hay un peligro. El peligro de que yo piense en un premio, aun si fuera, solamente, el beso de mamá. Amar al prójimo y hacerle el bien tiene su fundamento en el amor que Dios me tiene a mí. “Así como Dios me ama, así tengo que amar a mi prójimo”. Dios no le pone ninguna condición a su amor. Él me ama porque soy su hijo. Y esto me libera de toda presión. No me ama por mis hechos sino por su gracia. ¿Saben lo lindo que es esto? Poder hacer un bien al prójimo sin pensar en un premio.

Así como tú, Señor, así como tú nos amas y nos amas, así quere-mos amar. (Canto y Fe Nº 312)

Detlef Venhaus

Mateo 6,1-4