Miércoles 26 de junio

 

El Señor aborrece el uso de pesas falsas; las balanzas falsas son reprobables.

Proverbios 20,23

Una amiga trabajaba para un organismo de defensa del consumidor. A veces le ayudaba en su tarea. Un día le tocó medir rollos de papel higiénico de diferentes marcas para ver si valen los metros declarados en la etiqueta. Nos reíamos mientras íbamos midiendo. Pronto se nos pasó la risa. Faltaba un metro aquí, unos centímetros allá. Parecía poca cosa, pero la suma final era alarmante.

El tema de las pesas y las medidas falsas atraviesa toda nuestra vida y la vida de pueblos enteros. Se construye una obra pública y resulta que los materiales usados son de menor valor y calidad que los presupuestados, y esto pone en peligro a las personas. Muchos países no pueden pagar su deuda externa por los intereses fraudulentos. Las tarjetas de crédito pueden ser tan prácticas y tan tramposas. En muchas comunidades se han instalado oficinas de asesoramiento para personas que han contraído deudas y ya no saben dónde están paradas.

Pero también en nuestras relaciones personales medimos lo que otros hacen y lo que hacemos nosotros mismos con dos medidas diferentes: cuando me siento herida por alguien, me cuesta olvidarlo, pero me olvido con facilidad, cuántas veces lastimo a otros.

Cuando alguien me trata con frialdad o con desprecio me llama la atención su comportamiento. Pero cuando yo le he faltado el respeto a alguien o no he sido amable, me excuso con que estoy tensionada y que la situación me supera. Cuando alguien me hace un favor de corazón, pienso que es lo que corresponde. Cuando yo hago una obra de bien pienso que estoy haciendo algo extraordinario.

Pesas y medidas falsas son un fraude. Al bolsillo y sobre todo a la confianza.

Karin Krug

Proverbios 20,19-24