Miércoles 30 de septiembre

 

Si hay que presumir de algo, presumiré de las cosas que demuestran mi debilidad.

2 Corintios 11,30

“El hombre debe y puede ser hombre. Toda pretensión de superhombre, todo esfuerzo por trascender al hombre, todo afán de ser héroes, toda existencia semidivina está de sobra en el hombre, pues no es verdadera”. Esta frase de Dietrich Bonhoeffer de alguna manera ilustra las palabras de Pablo que hoy nos acompañan.

En un tiempo en donde muchas personas buscan destacarse sobre las demás, asumir nuestra humanidad, con todo lo que implica, es fundamental. Eso es lo que somos: simples personas, débiles y frágiles, necesitadas de Dios, aunque muchas veces no lo queramos asumir.

Es en esa fragilidad que encontramos la fortaleza en Dios. En la comunidad cristiana, en donde compartimos nuestros temores y problemas, nos fortalecemos mutuamente. Somos imperfectos, y por más que nos esforcemos, no vamos a cambiar esta realidad. Somos humanos, y así nos ha creado nuestro Dios misericordioso, que nos ama, nos cuida y está siempre atento a nuestras necesidades.

En la exigencia diaria de una sociedad que pretende de nosotros personas exitosas, sobresalientes, modelos, héroes, que provoca en nosotros la frustración de no llegar a esto; las palabras de Pablo son un bálsamo y una guía para cada uno de nosotros.

Como cristianos no queremos vivir en la mentira, en la hipocresía, ni en un mundo de apariencias. Deseamos caminar sobre los pasos de Jesús que nos mostró que la debilidad es sinónimo de humanidad. Él, que no sintió vergüenza de ser humillado y morir en la cruz, nos alienta a que vivamos simplemente como seres humanos. Esa es la voluntad de Dios, y es desde ahí que damos el testimonio cristiano.

Estela Andersen

2 Corintios 11,16-33

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