Sábado 13 de abril

 

Los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos.

Mateo 26,59-60

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Paso número uno cumplido.

Jesús ya está preso. Funcionó, ejercer presión al pueblo, sobornar, atropellar, no escuchar razones.

Ahora viene el segundo paso, ver cómo se lo condena, con qué artilugio jurídico y, en lo posible no quedar pegados. Sabido era que no existía causa alguna dentro de los parámetros legales, había que improvisar, inventar algo, pero rápido antes de que la masa se diera cuenta de que había sido usada, así es que hubo que inventar testigos, y claro, siempre hay alguien dispuesto, aunque más no sea por el segundo de fama. No se tardó demasiado, y entre los muchos que se presentaban, convenció por suficiente el de dos de ellos. Con lo que decían haber visto y oído alcanzaba para llevarlo ante Herodes para que rinda cuentas por blasfemo. Pero el rey se dio cuenta de que podría costarle caro a sus propios intereses dar curso a lo pedido, pues quiera o no, sabía muy bien quién era ese Jesús, por lo que lo envía a Pilatos, gobernador romano: “ha desafiado al César”. Pilatos sabía que eso no era cierto y trató de evitar el juicio y la condena a muerte, pero el pueblo ya enardecido no escuchó razones, y Pilatos entendió que ahora sus intereses estaban en juego. Y “se lava las manos”: hagan pues lo que quieran con él.

Tercer paso. Ejecutar la sentencia de muerte. Pero… ¿era realmente lo que el pueblo quería o las autoridades lograron enceguecerlos tanto? Después de todo, con Jesús muerto para todos seguiría la vida de ham-bre y opresión, y habían crucificado al único que mostraba un camino distinto.

Como se dice en las películas, cualquier parecido con la realidad es pura casualidad.

Norberto Rasch

Mateo 26,57-68