Sábado 14 de enero

 

 

Cuando Jesús vio la fe que tenían, le dijo al enfermo: -Amigo, tus pecados quedan perdonados.

Lucas 5,20

 

Cuando era niña me impresionó la historia del paralítico que fue llevado por sus amigos a la casa donde Jesús estaba predicando. En especial el hecho de que lo bajaran por el techo. Con el tiempo supe que los techos de aquel entonces eran relativamente fáciles de arreglar y que no era tan terrible un agujero en el techo en ese lugar donde casi nunca llueve.

Después de mucho releer la historia me resulta sorprendente ahora la fe de este grupo de amigos. Se dieron maña para llegar a Jesús, al que reconocían como sanador y con el poder necesario de ayudar a ese hombre postrado. Fueron solidarios con el que no podía trasladarse solo, y creyeron. Esta es la clave de la historia. El relato no menciona si el inválido tenía fe o no, si creía en el poder de Jesús o no. La fe de sus amigos salvó al paralítico.

Basados en este versículo podemos, por lo tanto, usar nuestra fe para que la salvación llegue a otros. Podemos orar por otros que no lo pueden hacer por sí mismos, interceder para que la gracia de Dios llegue a otros. Nuestra fe puede ayudar a otros a percibir el poder de Dios. Los padres que introducen a sus hijos en el conocimiento de la Biblia y les transmiten sus creencias, lo hacen por fe. Los catequistas. Los que visitan enfermos y personas mayores. Los miembros de comisiones en las congregaciones. Son muchos los que tienen fe y por eso ayudan a otros, esperando que reciban la salvación.

Señor: bendice a todas las personas cuya fe es tan fuerte, tan grande que ayuda a otros. Fortalece esa fe para que puedan continuar trabajando para tu reino. Amén.

 

Beatriz Gunzelmann

 

Lucas 5,17-26