Sábado 17 de agosto

 

Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.

Mateo 10,10

¿Has pensado en todo lo que Dios te ha brindado en esta vida? Hasta el mismo hecho de que tengas en tus manos estas lecturas que alimentan tu fe, es sólo gracia.

Nuestra tradición protestante se fundamenta en la gracia: somos sal-vos por gracia, porque él nos amó primero. El perdón de Dios por nuestros pecados es gracia, es su justicia. El complemento necesario que acarrea la aceptación de la gracia es dar de gracia. Trabajar por el reino de Dios es también gracia.

Los primeros enviados por Jesús a pastorear a la multitud fueron los discípulos; provistos de los poderes que Jesús les dio. Ellos mismos, pes-cadores en su mayoría, tienen el privilegio de ir hacia la multitud sufriente sanando, consolando, alimentando. Ellos van, y Jesús así los manda, con ninguna otra cosa que el poder recibido y el amor por servir a los que sufren.

En el mundo somos, según los censos, 2300 millones (31,4%) de cris-tianos. ¿Qué sería si cada cristiano se ocupara de servir sólo a dos per-sonas necesitadas? 4600 millones tendrían ayuda y acompañamiento en sus necesidades. ¿Pueden imaginar esto?

Lamentablemente estamos alejándonos del reino de Dios y del evan-gelio de Jesús cuando vivimos nuestra fe como una propiedad privada: tengo casa, auto, trabajo, familia y una iglesia a la que pertenezco. Es una “propiedad privada” que me da seguridad, confianza y tranquilidad de con-ciencia, pero está lejos de llegar a ser la fe que reconoce: recibí de gracia, de gracia daré, – principio fundamental en la vida del discípulo de Jesús.

Señor, dame humildad para reconocer todo lo que me has dado y me sigues dando a lo largo de mi vida; dame un corazón que se alegra por dar y servir a los demás. Amén.

Atilio Hunzicker

Mateo 10,5-15