Sábado 22 de junio

 

El malvado y el mentiroso hacen caso de las malas lenguas.

Proverbios 17,4

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“La lengua es inquieta. La falta de quietud es una característica del mundo demoníaco y del mal, mientras que la paz es una característica de Dios y su buen reino. La lengua siempre está deseando decir algo, a menudo venenoso, que produce la muerte. Los asesinatos realizados por parte de los tiranos comienzan cuando dan las órdenes. Experimentamos algo similar en el nivel personal cuando hablamos lo que es malo y nos damos cuenta de que nos trae más muerte que vida”. (Ricardo Pietrantonio)

Dice el refrán: “Las palabras se las lleva el viento”. ¡Ojalá siempre fuera así! ¡Cómo desearía que algunas palabras que dije, se las llevara el viento bien lejos! Cuántas veces pensé: ¿por qué no me habré callado la boca? ¿Y cuántas veces no digo nada donde debería haber hablado? Callarse cuando deberíamos hablar es tan pecado como hablar cuando deberíamos cerrar la boca. Hoy es difícil descubrir cuál es la verdad de las cosas. Hay medias verdades, exageraciones, cosas sacadas de contexto, mentiras por doquier. Y las mentiras no son sólo frases equivocadas que uno puede detectar fríamente como faltas de verdad. Es mucho más que eso. Destruye la dignidad del que miente y la confianza del que sufre la mentira. La mentira duele. Sabemos que hay múltiples motivos para mentir: los chicos mienten por miedo al castigo. Algunos no quieren o no pueden admitir que se equivocaron, por temor a la reacción. Uno no quiere quedar mal y miente. Otros quieren lograr algún beneficio con la mentira. Para algunos es una estrategia de supervivencia; otros tal vez la usan para aparentar más de lo que son… Y si bien “la mentira tiene patas cortas”, precisamente esas patas alejan a un ser humano del otro. Sería muy bueno tener en cuenta la palabra de Jesús: cuando ustedes digan algo, que sea “sí, sí”, o “no, no”; porque lo que es más de esto, proviene del mal. (Mateo 5,37)

Karin Krug

Proverbios 17,1-17