Sermón sobre Lucas 12: 32 – 40, por Eugenio Albrecht

Todos vamos a coincidir si decimos que en la actualidad nuestra sociedad está viviendo un tiempo bastante crítico. Hay todo un contexto amplio de crisis global, especialmente en lo económico, pero que alcanza lo humano, lo social, lo político y lo religioso.

Podríamos llegar a citar algunas de las situaciones difíciles que atravesamos en la actualidad, pero no es lo que nos convoca el día de hoy. Si encienden la radio, la televisión o leen los diarios ya van a tener bastante de eso. La palabra crisis se repite a diario muchas veces y hay inclusive cierta prensa que la magnifica y que vive de eso.

Ante ese contexto leemos hoy el anuncio de Jesús “No temas, pequeño rebaño”.

Cuando leía esto por primera vez, me dio la impresión que Jesús nos estaba hablando a nosotros, a nuestra congregación, a esta comunidad, a cada uno de nosotros de modo personal, llamándonos a pensar.

A veces ante una situación de crisis de alguien es muy difícil decir, “no temas”, pero a su vez se hace tan necesario escucharlo. Que importante que alguien te diga “no tengas miedo”.

Es que todo el medio social de nuestra actualidad nos hace sentir un pequeño rebaño. Hay inclusive Iglesias multitudinarias (algunas de ellas dicen hacer milagros, otras atrapan a la gente y las mantienen cautivas de su comunidad a través del miedo y mostrando una imagen de un Dios castigador), las cuales nos hacen sentir un pequeño rebaño, porque ellos son cientos de personas orando, levantando los brazos y gritando a la vez, mientras que nosotros a veces somos solo un grupito si se lo compara con ellos.

Somos un pequeño rebaño. Un pequeño rebaño que a veces se siente amenazado por las dificultades. Muchas veces no sabemos si nos va a alcanzar el dinero para seguir manteniendo el cargo pastoral, y tenemos que pensar entre todos cómo hacer para generar fondos más allá de lo que se da en los aportes, en la ofrenda y en la colecta. Las finanzas nos muestran que es necesario trabajar para poder seguir adelante.

Ante las cosas que son difíciles uno se siente pequeño y la lectura que hace Jesús es perfecta hablándonos como un pequeño rebaño, porque sabe que flaqueamos y que nos resulta muy fácil tirar la toalla.

Sin embargo, en todo el Evangelio Jesús les habla a los pequeños. Jesús no tuvo grandes Iglesias ni se juntó con los poderosos y pudientes, sino con los pequeñitos. De ahí la importancia de hacerse pequeño, humilde, sincero, hablar por delante, no creerse el dueño absoluto de la verdad. Eso es hacerse pequeño.

Hacerse pequeño no es fácil, porque somos humanos y por lo general queremos ser más importantes. Muchas veces nuestro dinero, nuestras cosas, nuestros bienes, nuestra importancia en la sociedad nos marea. Por eso Jesús les insiste diciendo que vendan todo lo que tienen y que lo repartan entre los que más necesitan. Obviamente que el contexto era diferente. Sin embardo, podemos hacer una actualización diciendo que las cosas que tenemos (nuestros “tesoros materiales”) no nos deben impedir apreciar los tesoros que Dios nos da todos los días.

Además, hay que abrir bien los ojos, porque todo lo que tenemos nos ha sido prestado por Dios y después deberemos rendir cuenta de ello; Él nos va a preguntar qué fue lo que hicimos con lo que nos ha dado.

Ante nuestra tentación de ser “grandes”, Jesús nos llama a ser pequeños.

Creo que el desafío está en aprender a vivir como pequeños, para tener presente todo el tiempo que Dios es nuestro verdadero tesoro.

Que Dios los bendiga. AMEN

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