Sermón sobre Lucas 21: 5 – 19, por Leonardo Schindler

Estimados hermanos y estimadas hermanas

¡Gracia y paz de parte de nuestro Señor Jesucristo, el que era, el que es y el que ha de venir! ¡Amén!

Quiero comenzar esta meditación haciendo uso de un texto de Eduardo Galeano.

El texto se denomina: “El miedo global” y reza así:

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas.
Las armas tienen miedo a la falta de guerras.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones, miedo a la policía, miedo a las puertas sin cerraduras, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión.
Miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.
Miedo a la multitud, miedo a la soledad.
Miedo a lo que fue y a lo que puede ser.
Miedo a morir, miedo a vivir…

El miedo es uno de los sentimientos más movilizantes y a la vez destructivos que habita en el ser humano.  Por eso no es casualidad del que el mismo haya sido instrumentalizado a lo largo de la historia de distintas maneras, y por lo general, con el sólo propósito de manipular y dominar.

Al miedo lo usamos los padres/madres/ los adultos en general para mantener a raya a los más pequeños. Lo utilizan las distintas expresiones religiosas a fin de evitar la insubordinación  y alcanzar beneficios. Lo utilizan los violentos para amedrentar a sus víctimas. Lo utilizan los publicistas a fin de ofrecer productos de los más diversos: todos ellos para combatir contra algo/alguien. El miedo se ha convertido además en un excelente aliado a la hora de hacer negocios/ vender productos/ ofrecer servicios.

Al miedo también lo utilizan los dirigentes políticos. Ya Maquiavelo recomendaba al príncipe ser temido antes que amado, porque el miedo prepara a los individuos para obedecer.

Y existen distintas circunstancias ante las cuales  podemos reaccionar con miedo.

Pero el miedo es más complejo e inmanejable es aquel que resulta de un peligro difuso, disperso, poco claro, cuando la causa que lo provocan flota libre, sin vínculos; cuando nos ronda sin ton ni son; cuando puede ser visto en todas partes pero pareciera no tener ningún hogar concreto. Los estudiosos del tema le llaman a esa sensación “miedo deliberativo”. En esos casos el miedo se convierte en sensación de vulnerabilidad y  fragilidad. Uno está susceptible de padecer temor.  Y lo peor del caso es que por lo general este miedo (que solamente los humanos somos capaces de tener) puede (y por lo general lo está) encontrarse disociado de sus verdaderas causas. ¿Qué significa eso? Que le tememos al peligro equivocado y por lo tanto usamos estrategias equivocadas para defendernos o atacar. 

¿A qué viene toda esta introducción? Les prometo que habrá de servirnos  para abordar el mensaje que nos trae el Evangelio del día de hoy.

Dice en el Evangelio de Lucas capítulo 21: 5-19. (lectura del Evangelio)

El pasaje comienza con palabras de nuestro Señor Jesucristo refiriéndose al Templo de Jerusalé. El mismo no solo era una hermosa construcción capaz de despertar admiración entre aquellos que lo observaban, sino que se trababa de toda una institución dadora de vida, sentido e identidad al pueblo. Ustedes preguntarán ¿pero acaso no se trataba de una institución opresora, que era mantenida gracias a las constantes donaciones exigidas a los fieles, al extremo que algunas viudas dejaban en él hasta las últimas monedas con tal de cumplir con la exigencia del diezmo? Y la respuesta es que sí, que se trataba de una institución opresora. Pero a pesar de ello la gente seguía depositando en él su confianza. Para el pueblo ésta era la casa del Señor  y en él residía la gloria de Dios. El Templo – la institución del Templo – era dadora de sentido/de identidad/ forjaba una manera de relacionarse con Dios/ consolidaba ese vínculo.

¿Qué dice Jesús respecto del Templo? Que de él no quedará piedra sobre piedra. Que esa sólida institución se derrumbará por completo.

Al escuchar estas palabras de Jesús, sus discípulos las interpretan  en sentido apocalíptico, es decir, como una señal del final de los tiempos. Y es por ello que con preocupación preguntan ¿Cuándo ocurrirá esto? Y no hay respuesta de Jesús a esa pregunta. Lo único que hay son palabras que advierten sobre los peligros que semejante crisis traerá aparejada. Serán tiempos complejos en lo que todo estará convulsionado e ingobernable: los pueblos, la naturaleza, hasta los vínculos familiares. EN medio de la gran confusión que todo ello ha de provocar, ellos deberán evitar ir detrás de líderes mesiánicos que busquen ocupar el lugar de Dios. Serán tiempos en los que habrá que salir a dar testimonio decidido en favor de la vida, del Dios de la vida. Un testimonio que deberá ser dado  a pesar de la oposición y el rechazo que el mismo pueda provocar.  ¿Qué decir? No hay que preocuparse por ello, porque Dios mismo se ocupará de dar las palabras adecuadas. Lo único  que ellos deben hacer es no temer, mantenerse fieles a Dios y ser testigos de lo nuevo que vendrá.

Porque de eso tienen que estar seguros: la crisis no será terminal sino que tras ella nacerá algo nuevo y mejor que vendrá de la mano de Dios.

Así es como se deben actuar los discípulos cuando el Templo se venga abajo. Así es como nosotros debemos actuar cuando el Templo se venga abajo.

Y me da la impresión de que el Templo se está empezando a venir abajo. ¿Cuál Templo?

El modelo económico capitalista/mercantilista es el Templo que se está agrietando por todas partes. El  Templo en el que habita la gloria del Dios Mamón y que es (tal como lo fue el Templo del que hablaba Jesús) dador de sentido,  de identidad,  y fundamento de toda la economía; que organiza los recursos naturales, que gobierna la vida de los pueblos, se está resquebrajando por todos lados y en distintas partes del planeta se escuchan los ruidos y se sienten los temblores de su estremecimiento.

Porque ese modelo económico y social ya no está sirviendo para dar sustentabilidad a la vida del planeta, si es que alguna vez éste ha sido su cometido. El vaso no derrama. Los beneficios no son para todos. No todos están incluidos.  Cada vez son más los desplazados. La naturaleza y las personas son explotadas al máximo con el solo propósito de aumentar las ganancias de cada vez menos personas, en tanto que algunos hacen el desesperado intento de ofrendar de sí hasta lo último que les queda a ver si con ello pueden gozar de alguna de las bendiciones prometidas…Y nada.

Entonces comienzan los temores, los miedos. Todo se vuelve ingobernable, todo está convulsionado.

Un temor generalizado invade nuestras sociedades, miedo global. Miedo a un enemigo difuso…miedo deliberativo que se llevar a encontrar enemigos equivocados y usar estrategias erradas de ataque o defensa.

Zygmunth Bauman, excelente sociólogo polaco, escribe en su libro “Amor Líquido” lo siguiente:

“Los individuos, consumidos y exhaustos por la seguidilla de interminables y nunca concluyentes exámenes de aptitud, y aterrorizados hasta el tuétano por la misteriosa e inexplicable precariedad de su suerte y la niebla global que se cierne sobre su futuro, buscan desesperadamente a quién culpar de sus padecimientos y tribulaciones. No es extraño entonces que los encuentren bajo la luz del farol más cercano, en el sitio exacto que tal diligentemente han iluminado para nosotros las fuerzas de la ley y el orden: “Los causantes de la inseguridad son los criminales, y los causantes del crimen son los extraños; por lo tanto, rodeando, encarcelando y deportando a los extraños recuperaremos nuestra perdida o robada seguridad” (Zigmunth Bauman, Amor Líquido, página 155”

Criminalizar al extraño, al extranjero, acusándolo de todos los males es la forma en la que la sociedad busca explicarse aquello que no ve o que quizás no queremos ver. Criminalizar al extraño es la manera de justificar su rechazo.

Hay que ir contra los otros, contra los extraños, contra los de la otra tribu, contra todos aquellos que no comparten mi manera de pensar, sentir, vivir; contra aquellos que no pertenecen a nuestro grupo, porque los otros son los causantes de la inseguridad endémica que estamos padeciendo.

Ese es el fantasma que se agita cada vez más a menudo, tanto es así, que aquellas expresiones políticas que hacen suya esa mirada, están creciendo en el mundo entero a un nivel exponencial.

En semejante convulsión, los cristianos estamos llamados a no participar de esa locura, a no seguir a aquellos que enarbolan las banderas de la discriminación y la eliminación de algunos para el bien de todos.

No adoptar esas banderas, no agitarlas y muy por el contrario desafiar todo esto haciendo uso de la mejor herramienta que el señor nos provee: Su palabra. ÉL pondrá en nosotros palabras que sean capaces de crear nuevas miradas, que inviten a otros compromisos, todos ellos apuntando a la inclusión, a la aceptación, al respeto por la diversidad, a la solidaridad, a lo comunitario.

Que el Señor nos guíe y acompañe. ¡Amén!

Pastor Leonardo Schindler