Sermón sobre Mateo 6:24-34, por Eugenio Albrecht

 

¿De donde viene nuestra tranquilidad?. Esa es la pregunta de hoy. ¿Qué cosas nos tranquilizan?. Hay quienes inclusive hacen de nuestro intento de búsqueda de tranquilidad un buen negocio. Se gasta mucho dinero en la búsqueda de la paz.

Y la pregunta vuelve a ser ¿Que cosas me tranquilizan y hasta donde esa tranquilidad es algo autético o si acaso es solamente algo aparente de lo cual yo mismo estoy convencido y nada más?

Alguien podría decir ¿Quién pudiera vivir una realidad tal como la que se cuenta sugiere en este texto bíblico?. No preocuparse por el mañana y confiar en que Dios será el que va a dar lo suficiene para vivir, para vestir, para alimentarse. Parece una lógica imposible en nuestro tiempo competitivo y lleno de metas a ser alcanzadas para el mañana.

Pero tiene su lógica clara. En la vida tenemos prioridades. Si para mí algo es importante yo le voy a dar valor y voy a vivir a partir de esa importancia. Depende de cuales son las nuestras, podemos darnos cuenta si estamos lejos o cerca de vivir la realidad a la que Jesús llama como “El Reino de Dios”. Lo importante está al inicio y al final del texto.

El texto comienza diciendo:

“Ningún servidor puede trabajar para dos amos al mismo tiempo, porque siempre obedecerá o amará más a uno que a otro. Del mismo modo, tampoco ustedes pueden servir al mismo tiempo a Dios y a las riquezas”

Hay aquellas prioridades a través de las cuales creemos que tenemos todo y que eso alcanza: dinero, buen pasar, comodidad, lujo… pero cuando en un momento de la vida mira alrededor tiene solamente eso. Hay cosas en la vida que no se consiguen con esos medios.

¿Qué hacemos entonces en este dificil camino de búsqueda?

Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que no os angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación. Basta a cada día su propio mal

Hay cosas que aunque parecen impotantes al final ante los ojos de Dios son efímeras y nos damos cuenta de esto cuanto miramos a nuestro alrededor y no tenemos a nadie en quien confiar y no queda nadie que confia en nosotros. Entonces ahí podemos entender esto de que no se puede servir a dos señores, de que no se puede servir a Dios y a las riquezas.

Dice la palabra de Dios que sirviendole y luchando por la justicia. No solo mi justicia, sino la juticia de todos, la justicia del medio ambiente, la justicia de los que menos pueden, la justicia de los más débiles… la justicia. Si podemos hacer eso, todo lo demás vendrá por añadidura. Lo demás lo recibiremos, simplemente porque lo que hacemos no lo vamos a estar haciendo para esperar algo a cambio, sino porque es parte de la vida cristiana. La vida y la dignidad de todos.

¿Que podemos hacer para buscar la vida?. Quizás mucho más de lo que creemos.

Por ejemplo, un día Elisa fue a su buzón de correo y encontró una carta. Se puso muy feliz porque en este tiempo cada vez se reciben menos cartas. Enseguira la abrió y decía: Querida Elisa: “voy a estar en tu barrio el sábado a la tarde y quisiera verte. Te quiere siempre, Jesús”

Sus manos temblaban mientras colocaba la carta en la mesa. ¿Por que Dios querrá visitarme si no soy nadie especial? También recordó que no tenia nada que ofrecerle, pensando en eso, ella recordó su alacena vacía. “OH, no tengo nada que ofrecerle. Tengo que ir al supermercado y comprar algo para la cena”.

Ella tomo su cartera que tenía unos pocos pesitos. “Bueno, puedo comprar pan y fiambres por lo menos”. Así que fue al almacén y después de comprar le quedó solo algunos centavos hasta el lunes. Igualmente Elisa se sentía muy bien a medida que se acercaba a su casa con su humilde compra bajo el brazo.

“Señorita, por favor, ¿puede ayudarnos?” Elisa había estado tan sumergida en sus planes para la cena que no había notado dos niños acurrucados en la vereda. “Mire señorita, mis papas no tienen trabajo, tenemos frío y tenemos mucha hambre y si usted nos pudiera ayudar se lo agradeceríamos mucho”.

Elisa los miro. Ellos estaban sucios y con mal olor y pensó que si sus padres en verdad quisieran trabajar ya lo habrían hecho y conseguido algo para ellos.

– “Chicos, me gustaría ayudarlos, pero soy pobre también. Todo lo que tengo es un poco de pan y fiambre, y voy a tener un invitado especial para cenar esta noche y pensaba darle esto de comer”.

– “Esta bien… Gracias”. El niño puso su brazo sobre los hombros de su hermanita y empezaron a caminar. Elisa los miraba alejarse y sintió mucho dolor en su corazón. “chicos, esperen” dijo. Los niños se detuvieron y Elisa fue corriendo donde estaban ellos. “Lleven esta comida chicos, le puedo servir otra cosa a mi invitado” dijo ella mientras le entregada la bolsa de plástico.

“Gracias. Muchas gracias señorita” dijeron los chicos y Elisa pudo ver que estaba temblando de frió. “Sabés, tengo otro abrigo en casa,  así que te podés llevar este”, le dijo mientras se lo ponía sobre los hombros. Ella regreso a casa sonriendo y sin su abrigo ni comida que ofrecer a su invitado. Se estaba desanimando a medida que se acercaba a la puerta de su casa, pensando que no tenía nada que ofrecer a Jesús. Cuando metió la llave en la cerradura noto otro sobre en su buzón. “Que raro. Usualmente, el cartero no viene dos veces el mismo día”. Ella tomo el sobre y lo abrió: “Querida Elisa: Fue muy agradable verte de nuevo. Gracias por la comida y gracias también por el hermoso abrigo. Te quiere siempre, Jesús”.

A veces es difícil encontrar a Dios en las pequeñas cosas que nos rodean, incluso en las personas que a veces nos son desagradables, pero es precisamente allí donde El quiere que le encontremos: en cada pequeña y hermosa cosa que está hecha para nosotros!

Pastor Eugenio Albrecht