¿Una teóloga en el Siglo XVII?

 

La Reforma Protestante en el Siglo XVI fue un movimiento dentro de la Iglesia de una fuerza incomparable. Sacudió no solo los cimientos de la Iglesia, sino también de la sociedad, la cultura y la Economía.  A partir de ese movimiento surgieron nuevas instituciones eclesiásticas y nuevas corrientes espirituales. Pero no todo fue un despertar espiritual y una vuelta a las fuentes; pronto llegaron también las disputas y los enfrentamientos, no solamente con los calvinistas y los anabaptistas, sino también dentro del Luteranismo mismo. Con el tiempo se perdió el espíritu crítico con el cual había nacido la Reforma y se volvió cada vez más a una ortodoxia rígida y a nuevas estructuras jerárquicas y autoritarias de poder.

Con el pasar de las décadas la Iglesia surgida a partir de la Reforma Protestante se encontraba lejos de ese Martín Lutero joven que luchaba consigo mismo, buscando desesperadamente respuestas a su vida y que encontró esa vida que él tanto ansiaba en una relación de gracia y de misericordia con Dios.

El movimiento pietista

Así es como en el Siglo XVII comienza a surgir dentro del Luteranismo un movimiento -primero solo literario- de renovación espiritual. El objetivo era renovar la vida espiritual de las personas a partir de la literatura de meditación, de edificación espiritual, de oraciones y de himnos religiosos. Con el tiempo este movimiento literario fue adquiriendo cada vez más cuerpo hasta finalmente convertirse en un movimiento de renovación espiritual dentro de la Iglesia, llamado Pietismo. El objetivo nunca fue crear una nueva iglesia, sino renovar espiritualmente la ya existente. Por eso el Pietismo es un movimiento intraeclesial, porque buscaba renovar la Iglesia desde adentro. Tres de los pietistas más reconocidos y los que ayudaron a este movimiento a sistematizar sus preguntas, necesidades, ideas, preocupaciones y deseos de cambios fueron Philip Jakob Spener, quien escribiera el famoso Pia Desideria; August Hermann Francke, fundador de la obra educativa Franckesche Stiftung en Halle, Alemania, y el conde Nikolaus Ludwig von Zinzendorf, fundador de la comunidad cristiana misionera Herrnhut en Alemania.

El programa de reforma del Pietismo se encuentra sintetizado en el Pia Desidera de Philipp Jakob Spener. Si bien el movimiento pietista fue muy heterogéneo, estos puntos trabajados por Spener fueron el eje común de todos. La propuesta resumida por Spener se sintetizaba en seis puntos: 1) La Palabra de Dios debe ser difundida ampliamente. Las congregaciones deben incentivar la lectura de la Biblia y las y los creyentes deben conocer exhaustivamente todo su contenido. 2) El sacerdocio común de los creyentes debe ser efectivamente practicado en la Iglesia. Todas y todos los cristianos son sacerdotes y pueden leer e interpretar los textos bíblicos. 3) El Cristianismo no consiste en querellas dogmáticas sino en la práctica del amor cristiano. Es necesario exhortar a las congregaciones a la praxis. 4) Las disputas teológicas, tanto con otras confesiones como las internas con el Luteranismo, deben ser limitadas a lo estrictamente necesario. 5) El estudio de Teología debe ser reformado poniendo el énfasis en la praxis y la vida religiosa de los estudiantes y no en la erudición. 6) Los sermones deben ser simples y ayudar al fortalecimiento de la fe y sus frutos. No deben ser una demostración de los conocimientos del pastor.

Las mujeres en el Pietismo

Luego de estas notas introductorias sobre el Pietismo quisiera adentrarme en el tema que quiero presentar, que es el rol de las mujeres en este movimiento. Hay un fenómeno en la historia del Cristianismo que vuelve a repetirse una y otra vez: cuando un movimiento espiritual o religioso recién comienza a surgir las mujeres suelen ocupar lugares de liderazgo y posiciones de poder. Cuando el movimiento se institucionaliza, el patriarcado vuelve a ganar terreno siendo las mujeres relegadas a lugares subordinados, ocupando los varones los espacios de poder. Este fenómeno, casi como un péndulo, siempre vuelve a observarse. Se manifiesta en la Iglesia Cristiana Primitiva, en la Reforma Protestante y también en el Pietismo. Así es como en el Pietismo nos encontramos con mujeres fabulosas, con una fuerza y liderazgo increíbles. Entre ellas se destacan Erdmuthe Dorothea von Zinzendorf, Anna Nitschmann y Johanna Eleonora von Merlau. En esta oportunidad quiero destacar a Johanna Eleonora von Merlau, la teóloga.

Johanna Eleonora von Merlau

Johanna Eleonora von Merlau nació el 26 de abril de 1644 en Frankfurt, Alemania, como la segunda de cuatro hijas de Maria Sabina y Georg Adolph von und zu Merlau. La madre de Johanna Eleonora murió temprano cuando ella ni siquiera había cumplido los nueve años. Dado que el padre trabajaba como mayordomo en la residencia de un conde, las hijas fueron criadas en esa residencia por gobernantas.

A comienzo de la década del sesenta le fue arreglado a Johanna Eleonora von Merlau un matrimonio correspondiente a su estatus social. Debía casarse con el hijo de un teniente coronel. Pero el plan fracasó porque ambos contrayentes a último momento se negaron. El novio tenía en mira a otra muchacha y Johanna Eleonora ya soñaba en su juventud con el ideal de vida piadoso y alejado del mundo. Ella tenía la impresión de que la vida de su prometido no era una vida “entregada a Dios, sino a los cánones del mundo” y el novio consideraba que ella pasaba demasiadas horas leyendo la Biblia. Entonces, le rogó a Dios que le ayude a salir de esa situación. A lo largo de los años seguirían otras propuestas matrimoniales, pero ninguna prosperó, dado que Johanna Eleonora se alejaba cada vez más de la idea de contraer matrimonio. La causa era la convicción cada vez más fuerte de que los aristócratas llevaban una vida muy poco agradable a Dios. Por eso, ella rechazaba cada vez más la posibilidad de casarse con un noble. Y contraer matrimonio con alguien que no perteneciera a la aristocracia para ella – todavía- era impensable y hubiera sido un escándalo para la familia. Así es que ella se ocupó de hacerse de una sólida formación. Aprendió francés, lengua exigida para las cortesanas, pero también griego y hebreo para poder leer las Escrituras en su idioma original. Llevaba adelante un estudio de la Biblia muy intenso. A través de “sanas pruebas” en la vida cotidiana comenzó a entregarse por completo a la voluntad de Dios, a dejarse guiar por Él y a tomar posturas quietistas renunciando a la preocupación activa por concretar sus proyectos de vida.

En 1675, por un contacto con Philip Jakon Spener, Johanna Eleonora von Merlau conoce a la viuda Maria Juliane Baur von Eyseneck, uno de los pilares del Pietismo en la ciudad de Frankfurt. Las dos mujeres se llevaron bien desde el comienzo y comenzaron a formar en el salón de la residencia de Maria Juliane un pequeño grupo cuyo objetivo era tener conversaciones piadosas para la edificación espiritual mutua. Esas reuniones privadas existían en Frankfurt desde hacía seis años. Lo nuevo en los “pietistas de salón” era que las mujeres podían también hablar e interpretar la Biblia. En el círculo que se formó alrededor de Johanna Eleonora, que en ese momento tenía treinta y un años, se reunían hombres y mujeres particularmente radicales en sus posturas acerca del contenido y las consecuencias de la fe cristiana, muchos de ellos milenaristas. Johanna Eleonora mantuvo estas reuniones a lo largo de cinco años, no sin oposición de las autoridades de la ciudad. De esta manera se convirtió en uno de los pilares fundamentales, junto a Spener, del Pietismo temprano en Frankfurt.

En el año 1676 comenzó a participar de las reuniones de edificación espiritual en el “salón” el joven teólogo Johann Wilhelm Petersen. Años después ella se convertiría en su esposa interpretando que esa era la voluntad de Dios para su vida. Cincuenta años después, luego de la muerte de su esposa, Johann Wilhelm Petersen recodaba su primer encuentro y relataba la importancia de esa mujer para su vida:

“Ella me llevó hacia Dios cuando era aún estudiante. Todas sus palabras fueron una bendición para mí y por eso también la quise a ella y a ninguna otra”.[1]

Luego de dos años nació su primer hijo, August Friedrich Petersen. Los otros hijos del matrimonio fallecieron al poco tiempo de nacer o ya en el vientre materno.

Johanna Eleonora Petersen, durante los primeros años, se dedicó a acompañar a su marido en su carrera como doctor en Teología y luego superintendente. Sin embargo, los pensamientos milenaristas, su doctrina de la redención universal y sus posturas teológicas radicales le trajeron cada vez más problemas, por lo que en forma repetida fue expulsado e incluso desterrado. Finalmente, el matrimonio Petersen compró una propiedad cerca de Magdeburgo mudándose luego a Thymer, cerca de Zebst. Allí, bajo el patrocinio de numerosos benefactores de la nobleza, se dedicaron exclusivamente a su tarea como teólogos y a la redacción de escritos religiosos, manteniendo un intenso contacto, ya sea a través de visitas o de correspondencia con los demás pietistas, tanto varones como mujeres.

En 1724 Johanna Eleonora falleció a la edad de ochenta años. Luego de su muerte Johann Wilhelm Petersen le dedicó una larga poesía a su “cara y amada esposa que siempre había vivido en la plenitud de Dios”. A través del poema destacó la importancia de su difunta esposa y su pensamiento para el mundo religioso de aquel momento.

Johanna Eleonora von Merlau, una teóloga y prolífica escritora

Johanna Eleonora von Merlau fue una teóloga y prolífica escritora. Ella escribe de sí misma en su comentario al libro del Apocalipsis:

“Muchos me reprocharán con las palabras de Pablo en 1 Corintios 14,34 y 1 Timoteo 2,12, que la mujer no debe enseñar en la congregación de Dios. Ellos deben saber que esas palabras de reproche no me importan. Yo respeto lo que el Espíritu Santo testimonió a través de Pablo y me atengo a la subordinación de la mujer en la congregación de Dios. Pero también sé que así como Jesucristo no hizo distinción entre varón y mujer al repartir la gracia (Gálatas 3,28) así tampoco debe frenarse ni reprimirse la misericordia y los dones de Dios en las mujeres. (…) Con gusto respeto mi subordinación en la congregación de Dios. Pero también sé que no recibí los dones de Dios para meterlos debajo del celemín, sino para que crezcan y sean para la honra de Él y la ayuda del prójimo. (…) Muchos me juzgarán porque consideran que me ocupo de cosas que no me corresponden a expensas de mi trabajo como mujer en el hogar. Pero tampoco esta opinión me afecta. Tengo el testimonio para Dios y todos sus hijos que también trato de ser fiel a Dios en lo que se refiere a mi oficio como ama de casa.”[2]

Un elemento destacable si se tiene en cuenta el contexto de la época es la gran cantidad de libros que escribió, de los que lamentablemente no todos fueron publicados. Su primer libro fue Gespräche des Hertzens mit GOTT /Diálogos del corazón con Dios), que fue publicado en 1689 y tuvo su tercer reedición en 1715. En 1691 se publicó Glaubensgespräche mit Gott (Diálogos de fe con Dios), que trata los temas de “la obra de la fe”, “el poder y la majestad de la fe” y “la felicidad del alma”, como finalidad última de la fe. En 1698 publicó otro libro de devoción, dedicado al seguimiento de Jesucristo, titulado Der geistliche Kampf der berufenen, auserwählten und gläubigen Überwinder[3] (La lucha espiritual de los llamados, elegidos y creyentes vencedores). Además de libros de devoción escribió comentarios exegéticos. En 1696 apareció Anleitung zur gründlichen Verständnis der heiligen Offenbarung Jesu Christi (Instrucción para la correcta comprensión de la santa revelación de Jesucristo). En 1706 se publicó Die verklärte Offenbarung Christi (La revelación transfigurada de Cristo). Otras obras de su autoría son: Der Zweck und Sinn Pauli / In der Epistel an die Römer (la utilidad y el sentido de la epístola de Pablo a los Romanos), 1711; Das Geheimniß Des Erst-Gebohrnen Der von Anfang an ist / und der da is GOTT das Wort (El secreto del primogénito que estuvo desde el comienzo y que es la Palabra de Dios), 1711.

Johanna Eleonora von Merlau fue una mujer increíble, de esas mujeres con las que uno quisiera sentarse a conversar. Con la clara convicción de que la Teología era su vocación se animó a pensar teológicamente, a escribir, a publicar sus obras y a discutir epistolarmente con personas notables como Philipp Jakob Spener. Es cierto que tuvo un contexto que la favoreció: de niña fue educada, se crió en un ambiente muy protegido, tuvo como esposo a un hombre que no solamente la acompañó sino que fomentó sus cualidades y tuvo los recursos económicos para hacerlo. Seguramente habrá habido en la época otras mujeres que de haber tenido un entorno más propicio hubieran seguido sus pasos, pero que por los fuertes mandatos patriarcales nunca lograron desarrollar sus habilidades o sus obras nunca salieron a la luz.

Pastora Sonia Skupch
Secretaria General
Iglesia Evangélica del Río de la Plata

[1] Martin Jung (ed.): “Mein Herz brannte richtig in der Liebe Jesu”. Autobiographien frommer Frauen aus Pietismus und Erweckungsbewegung. Aachen, Shaker Verlag, 1999, pág. 113. Traducción de la autora.

[2] Op.cit., pág. 128. Traducción de la autora.

[3] En las citas en alemán se respeta la ortografía de la época, aún si hoy día sería considerado un error ortográfico.

 

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