Viernes 10 de febrero

Éste es mi Hijo, mi elegido: escúchenlo.

Lucas 9,35

Escuchar a Dios, escuchar a Jesús en este tiempo de grandes tumultos es algo que resulta realmente difícil. Vivimos atacados por sonidos e imágenes que nos invitan a vivir nuestra vida de acuerdo con sus propuestas. Consumir para existir. Comprar para ser feliz. Tener para ser.

Esa propuesta de vida, en el tumulto de las palabras de este mundo loco, hace difícil escuchar a Dios y su propuesta. Son tantas las voces, que se hace casi imposible escuchar aquella voz que quiere invitarnos a una vida nueva, distinta, la vida plena. Es como la voz del niño perdido que grita de en medio de la multitud buscando reencontrarse con sus padres; es como la voz de una madre o un padre que busca en medio de la multitud a su hijo perdido. ¡Qué difícil se hace escuchar esa voz! Si hubiera silencio, todo sería más fácil. Si hubiera disposición para escuchar, sería más simple.

Cada día somos llamados a escuchar lo que Dios tiene para decirnos en las palabras y enseñanzas de Jesús. Es el desafío de predisponernos a escuchar la voz que invita a una vida nueva, entre el tumulto de las muchas voces de este mundo.

Dios nos regale los momentos de calma y silencio, en los que su voz pueda ser escuchada con claridad.

Callemos hermanos y vuelva el silencio, que ya hemos perdido el don de escuchar; y en este tumulto de nuestras palabras, somos incapaces de escuchar a Dios. Callemos hermanos, y que hable el Señor. (Canto y Fe Nº 109)

Christian Stephan

Lucas 9, 28-36