Viernes 13 de agosto

Ezequías puso su confianza en el Señor, el Dios de Israel. Entre todos los reyes de Judá que hubo antes o después de él, no hubo ninguno como él. Permaneció fiel al Señor y nunca se apartó de él, sino que cumplió los mandamientos que el Señor había ordenado a Moisés. Por eso el Señor le favorecía y le hacía tener éxito en todo lo que emprendía.

2 Reyes 18,5-7

En los versículos de hoy podemos encontrar tres aspectos para destacar: que Ezequías puso su confianza en Dios y no se apartó de él, que no hubo (antes o después) otro rey como él y que, por su fidelidad, el Señor le hacía tener éxito.

Así escrito parece una fórmula bastante fácil, hasta casi un eslogan publicitario: vas a tener mucho éxito si cumplís los mandamientos. Pero eso no siempre es así; cumplir los mandamientos no es garantía de éxito y prosperidad. Hay muchos ejemplos de personas que llevan una vida consagrada a Dios y sin embargo tienen más dificultades que triunfos, más tropiezos que victorias.

Por eso, quizás hoy, podamos hacer hincapié en que “no hubo ninguno como él”. Es decir, lo importante del texto es que Ezequías fue único porque cumplió los mandamientos, porque fue fiel. No porque tuvo éxito; sino porque confió. Porque a pesar de las circunstancias y las dificultades mantuvo su fidelidad hacia Dios.

Lo fundamental es encomendarnos a Dios y seguir sus mandamientos. Nuestra prioridad debe ser siempre, cada día, poner nuestra confianza en Dios.

Nuestra fortaleza, nuestra protección, nuestro fiel socorro en la tentación; nuestro gran refugio, nuestra salvación, es el Dios que adora nuestro corazón. (Canto y Fe Nº 264)

Susana Carolina Plem 2 Reyes 18,1-12

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