Viernes 13 de enero

 

 

La fama de Jesús aumentaba cada vez más, y mucha gente se juntaba para oírlo y para que curara sus enfermedades.

Lucas 5,15

 

Jesús tenía fama, y su fama aumentaba a medida que él desarrollaba su ministerio. Él no buscaba la fama. Y mucho menos la fama como la conocemos. Nosotros tenemos famosos que hacen cualquier cosa para aparecer por televisión. Gastan fortunas en ropas, autos, en cirugías estéticas… Hay quienes hablan pestes de otros, quienes simulan o perjudican a otros en su desesperación por estar más arriba. Todo lo contrario de Jesús.

Les quiero traer el ejemplo de la Madre Teresa de Calcuta, Martin Luther King, Mahatma Gandhi. Fueron personas que no buscaron la fama sino seguir las enseñanzas de Jesús, ayudar a otros, hacer el mundo un poco mejor. Eso las hizo famosas: tener principios, no dejarse apartar del camino que consideraban correcto, poner en práctica el amor. Pero así y todo, no son muchos los que los tienen de modelo. Prefieren a los héroes con mucha fuerza y superpoderes, las chicas muy hermosas, las personas con mucho dinero o poder. Y nada de eso caracterizó a Jesús. No fue rico, ni poderoso, la Biblia no nos dice nada de su aspecto físico.

Lo que hizo fue aliviar el sufrimiento de otras personas, incluso tocando a los que eran impuros, perdonó a los que estaban agobiados por la culpa, habló del reino de Dios, del amor, de la solidaridad. Todo eso que hacía y anunciaba provocaba en la gente que lo veía y lo oía la necesidad de contárselo a otros.

Es mi deseo que muchas personas de este tiempo sientan la urgencia de transmitir y compartir con otras la buena noticia de la vida de Jesús y tenerlo como modelo a seguir en sus vidas, sin importar si eso les da fama.

 

Beatriz Gunzelmann

 

Lucas 5,12-16

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