Fin de año – Víspera de año nuevo
Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, es quien nos ha dado a conocer.
Juan 1,18
Dios no puede ser experimentado de manera directa. Sin embargo, cuando ocurren ciertos accidentes, desastres y calamidades, muchas personas sentimos ira, resistencia e inquietud, expresando que no atribuimos estos eventos al azar, sino que asumimos que alguien es responsable. Lo mismo sucede cuando experimentamos situaciones afortunadas. Sentimos gratitud y confianza en la vida que también parecería sin sentido si no hubiera alguien a quien dirigir esa gratitud y confianza. “Dios” es el nombre que damos a este poder personal que sentimos tanto en los momentos adversos como en los momentos felices.
Sólo podemos utilizar el concepto de Dios si lo asociamos con la idea de omnipotencia. Ser omnipotente significa que Dios es responsable de todo lo que sucede, en el mismo instante en que ocurre. El mundo se desplomaría si Dios abandonara su actividad creativa, tan solo por un segundo.
El problema es que Dios, tal como lo entendemos, a veces nos colma de regalos y otras veces nos destroza el corazón. El poder de Dios, tal como lo experimentamos en nuestras vidas, es siempre ambiguo y confuso.
La buena noticia para cerrar el año es que Dios ha revelado su intención buena y amorosa a través de la persona de Jesús. Dios desea que lo reconozcamos en Jesús, para que las adversidades no nos hundan en la desesperación, los momentos felices no nos lleven a la soberbia, y nunca dejemos de ver al prójimo en cuya vida podemos hacer una diferencia.
Andrés Albertsen