1° domingo después de Epifanía
Jesús fue de Galilea al río Jordán, donde estaba Juan, para que éste lo bautizara.
Mateo 3,13
La mayoría de las personas fueron bautizadas de bebés y, por tanto, no recuerdan su propio bautismo. Sin embargo, a lo largo de nuestras vidas hemos escuchado cómo otras personas han relatado nuestro bautismo, hasta el punto de apropiarnos de esos recuerdos. Sabemos qué ropa llevábamos puesta, cómo estaba el día y si nos comportamos adecuadamente. Un bautismo es un evento tan importante y significativo que cambia por completo la vida del bautizado, pero también la de todas las personas que participaron del mismo.
Es un acontecimiento que deja huella en toda la vida del bautizado y genera lazos humanos que trascienden la mera formalidad del bautismo. Y algunas personas tienen la bendición de formar parte de la vida de otros bautizados, ya sea como padres, madres, madrinas, padrinos o como parte de la comunidad de fe que los recibe en un acontecimiento tan significativo.
Y, como cristianos y cristianas, todo comienza con el acto de Jesús, que se dirige al río Jordán para ser bautizado. Consciente de su papel, comprende la importancia del bautismo como hecho fundamental de la fe. Gracias a Jesús, todas las personas somos igualadas en la fe a través del bautismo y pasamos a formar parte de la familia elegida de Dios.
Oración: Gracias Dios por permitirnos ser parte de tu familia a través del bautismo. Te pedimos que esta familia pueda seguir creciendo en fe y amor. Amen.
Guillermo Perrin