Me han pasado tantas desgracias que ni siquiera las puedo contar.
Salmo 40,12
A uno le pueden pasar muchas cosas en la vida. No estamos exentos de nada. La seguridad en la que vivimos no nos garantiza que no nos pase nada.
La búsqueda de seguridad nos puede aislar, hacernos creer que somos más que los otros, que ya no nos importe más nadie. Algunas personas gastan fortunas en alarmas, cámaras, vigilancia, seguros, etc. Cuando la gente tiene miedo esta lista de productos de seguridad se vuelve infinita. En este momento, no nos alcanza el planeta entero para que todos tengan seguridad. Al final, todas estas medidas de seguridad material ¿nos permiten estar más tranquilos, vivir mejor o ser mejores personas?
El salmista busca seguridad en la misericordia de Dios. Nos comparte tres aprendizajes: sabe que la Biblia es un libro para su vida, es feliz poniendo en práctica la fe en Dios, habla de la misericordia de Dios con la gente. Esta persona alaba la verdad, la fidelidad y la misericordia de Dios porque son su única garantía de justicia. La verdadera seguridad es poner en práctica la justicia.
Las injusticias nos pueden hacer sentir que estamos rodeados y que no queda otra salida. Sin embargo, la fe en Dios y su justicia nos dan la seguridad para seguir adelante y confiar, tanto en Dios como en los demás.
Jesucristo es nuestro amigo, de esto pruebas él nos dió al sufrir el cruel castigo que el culpable mereció. Y su pueblo redimido hallará seguridad fiando en este amigo eterno y esperando en su bondad. (Cancionero Canto y Fe N° 216)
Jorge Weishein