“¿Quién puede habitar en tu santuario, Señor?”.
Salmo 15,1a (RVC)
Esta es una pregunta clave: ¿quién puede vivir en comunión con Dios? El salmista no pregunta quién puede acercarse por un rato, sino quién puede habitar con Él. La respuesta no depende de rituales o apariencias, sino del corazón y del carácter.
El salmo responde: el que vive con integridad, practica la justicia y habla verdad. En otras palabras, quien camina con honestidad delante de Dios y de los demás. No se trata de perfección, sino de coherencia: que lo que decimos y lo que hacemos coincidan. La comunión con Dios no es solo un momento de oración, sino un estilo de vida.
En una época en la que lo superficial abunda, esta palabra nos llama a una fe profunda, a una vida transparente. No basta con conocer versículos; hay que vivirlos. La santidad no es un peso, sino una invitación a vivir cerca del Señor.
Hoy, Dios sigue buscando personas que lo busquen con sinceridad, que no vivan de apariencias, sino en verdad. Y cuando alguien así se acerca, Dios no lo rechaza; al contrario, le abre las puertas de su santuario.
Señor, crea en mí un corazón íntegro y sincero. Ayúdame a vivir tu verdad y habitar siempre cerca de ti. Amén.
Enzo Pellini