Jueves 29 de enero

 

El Señor ya te ha dicho, oh hombre, en qué consiste lo bueno y qué es lo que él espera de ti: que hagas justicia, que seas fiel y leal y que obedezcas humildemente a tu Dios.

 

Miqueas 6,8

 

El autor se pregunta: “¿Con qué me presentaré a adorar al Señor, Dios de las alturas?” y reflexiona sobre qué ofrecer, qué sacrificio hacer. Entre las opciones que se le ocurren están becerros de un año, mil carneros, diez mil ríos de aceite e incluso ofrecer al hijo mayor.
En aquella época, creían que solo con sacrificios podían ganarse el agrado y el cuidado de Dios. Ofrendar los primeros frutos era dar gracias por toda la cosecha y sacrificar y quemar pequeños animales era una forma de agradecer al Señor esos alimentos. No hacerlo podría ser un atrevimiento.
Hoy en día, Dios no necesita más sacrificios, porque tenemos a Jesús como último pago. Quizá el mayor sacrificio de algunos cristianos sea ir al culto el domingo por la mañana. En realidad, es un esfuerzo que Dios espera de nosotros porque quiere que seamos comunidad, pero el verdadero sacrificio en estos tiempos es ofrecernos al servicio de Dios, serle fieles, recordando todas sus bendiciones y fortaleciendo nuestra relación con Él.
Dios espera de nosotros el esfuerzo de ser fieles a su mensaje en medio de tantas voces y falsos líderes, de buscar ser leales y justos en todo momento, de dedicarnos a Él y ofrendarle nuestras vidas. Resulta que la idea de los domingos no era tan mala, pero por sí sola no es suficiente.
Que Dios nos ayude a crecer con Él. Amén.

 

Jhonatan Schubert

 

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