«Fortalecernos el espíritu en comunión» fue el tema del Campamento juvenil Metropolitano

Entre el 30 de enero y el 1 de febrero de 2026, jóvenes del Distrito Metropolitano de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP) participaron de su campamento distrital en Baradero, bajo el lema «Fortalecernos el espíritu en comunión». El encuentro reunió a jóvenes de distintas comunidades con el objetivo de compartir, reflexionar y fortalecer los lazos comunitarios frente a las diversas realidades que atraviesan.

 

 

La temática del campamento surgió a partir de las problemáticas que las y los jóvenes identificaron en sus parroquias y centros. “Cuando nos juntamos a pensar el tema, vimos que, más allá de las dificultades, había algo en común: cómo estar juntos y cómo nuestras comunidades nos sostienen en medio de las adversidades”, explicó Ludmila Gutiérrez, co-coordinadora juvenil del Distrito Metropolitano.

 

Los devocionales, a cargo de un equipo coordinado por la propia Ludmila, giraron en torno a los caminos recorridos hasta el presente, el amor y el cuidado del prójimo, y el valor del encuentro y la comunidad. El desarrollo del tema principal estuvo a cargo de Aldana Ayala, quien propuso dinámicas corporales, de confianza y expresión, que invitaron a los y las participantes a compartir situaciones problemáticas de sus vidas y comunidades, y a pensarlas colectivamente desde una mirada transformadora.

 

 

El programa incluyó talleres de fotografía y cine, vóley y manualidades con cerámica, además de espacios recreativos que permitieron disfrutar de la pileta durante los días de calor. Las noches estuvieron marcadas por juegos, recorridas por el predio y un fogón especial que tomó la forma de un bingo musical. “La pasamos súper bien, cantamos un montón… mi voz quedó como prueba de eso”, comentó Ludmila entre risas, al evaluar el clima vivido.

 

 

El campamento cerró con una actividad simbólica y profundamente emotiva: cada joven llevó una remera blanca para pintar abrazos compartidos con otras personas. “La idea era hacerlo de a dos, pero nos emocionamos y terminamos pintando varios abrazos por remera”, relató la co-coordinadora, destacando ese gesto como una síntesis del espíritu del encuentro.

 

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