Vengan, adoremos de rodillas; arrodillémonos delante del buen Dios, pues él nos hizo. Él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo; somos ovejas de su prado.
Salmo 95,6-7
Aquí estamos, buen Dios, ante ti. Somos tu pueblo, ovejas de tu prado. En ti encontramos todo lo que necesitamos, pues tu gracia nos sostiene y transforma nuestra percepción. Tu Espíritu nos forma como comunidad de fe, especialmente en el servicio, que es el lugar privilegiado donde se manifiesta el Evangelio, la buena noticia para todo el mundo. Es en la vida de los demás donde nos sales al encuentro con tu mensaje de salvación. En la abundancia de tu misericordia descubrimos la fascinación de tu amor, que al compartirse se hace palabra viva en este mundo. Tu amor nos convoca como iglesia y nos mueve a actuar con tu fuerza inagotable para sembrar paz, clamar por justicia y construir esperanza. Adorarte es reconocer tu gloria en todo lo que haces en nosotros y a través nuestro. Aquí, de rodillas, te pedimos: guíanos para que nuestras iglesias sean espacios de liberación frente a todas las formas de esclavitud.
Danos el coraje para abrir puertas como lo hiciste tú, Jesús, con tu vida: para incluir a niñas, niños, adolescentes, mujeres, jóvenes, personas con discapacidad, migrantes, deportadas, pobres y excluidas. Que nuestras comunidades sean lugares para aprender nuevas formas de relacionarnos, convivir y amarnos a través de tu amor. Amén.
“Eres santo, eres Dios, por toda la eternidad; siempre tú muy cerca estás de tu pueblo, oh buen Dios. Te alabamos hoy aquí, te adoramos con fervor. A tu iglesia, vino y pan, nueva vida así le das. Eres santo, eres Dios, te sentimos, la creación te da loor” (Cancionero Canto y Fe Nº 392).
Stefanie Kreher