Lunes 9 de marzo

 

¡Con todo el corazón canto al Dios de la vida!

 

Salmo 84,2b

 

Dios es la fuente de toda forma de vida, sin exclusión. Alabar a Dios desde lo más profundo del corazón, sintiéndose un ser pequeño frente a Él, me recuerda la niñez en zona rural. Los campos cubiertos de montes y, en menor medida, de sembrados, poblados de diversidad de flores, aves, animales y demás formas diversas de vida. A cada ser se le conocía por su nombre; por mencionar algunos animales, estaban las vizcachas y las liebres, y entre las aves, el ñandú, las perdices y los teros. Arroyos llenos de peces como el bagre o el dientudo. Árboles nativos como el ceibo, el espinillo, el ombú, el tala y frutales cultivados de mucha variedad.
Es llamativo que las personas más jóvenes van dejando de nombrar la diversidad de especies, lo cual también sucede en las zonas rurales por falta de contacto y conocimiento. A este respecto, todos los documentales sobre especies de vida advierten del riesgo de extinción para la mayoría de ellas. Sanar la destrucción de la tierra es un problema mundial que nos compete a todos los seres humanos. Urge tomar conciencia de que existimos gracias a todo lo que existe: el agua, el sol, el aire, las abejas, los árboles… Somos una variedad de seres interdependientes. ¿Qué representa a Dios? Todas las vidas hemos nacido del mismo universo. Dios, soplo de vida, es el misterio mayor. Aún falta una mayor comprensión de su plan de salvación, que incluye toda diversidad de vida. Falta sentir y pensar teológico, como la que expresó un indígena de Brasil cuando dijo que en su familia había un tío, y ese tío era un río.
Dios, fuente de vida, alabado seas por la alegría de amar a todo ser vivo. Que todos vivan y vivan en abundancia. Amén.

 

Norma Guigou

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