Así como los vigilantes esperan a la mañana, espera tú, Israel, al Señor, pues en él hay amor y completa libertad.
Salmo 130,6b-7
Hoy en día, nuestras ciudades y pueblos ya no tienen murallas defensivas ni vigilantes. Por lo tanto, debemos hacer un esfuerzo adicional para comprender el rico lenguaje en imágenes que utiliza el salmista. Es llamativa la comparación entre la espera confiada en el Señor y los vigilantes que aguardan la llegada de la mañana. Los vigilantes tienen la función de divisar cualquier tipo de peligro y dar aviso para que las defensas puedan entrar en acción. Ahora está claro que, en un tiempo sin electricidad ni toda la tecnología de la que disponemos hoy en día, la noche estaba asociada a muchos y grandes peligros. El trabajo de un vigilante por la noche siempre era más arriesgado y difícil. Por esa razón, la espera del amanecer está marcada por la ansiedad de recibir los primeros rayos de sol y, por lo tanto, el alivio que estos traen consigo. El peor peligro ha pasado, ya se puede respirar con más tranquilidad.
Todo el Salmo 130 es un canto de profunda espiritualidad. En él se reconoce el mal y el pecado, los abismos de la vida, pero también se hace un llamado a la espera en el Señor, porque en Dios encontramos perdón, amor y completa libertad. Esto supera todas las calamidades y el mal del mundo.
Vivimos en una época en la que, a veces, el mal es tan dominante que nos cuesta esperar con ansias al Dios de la esperanza. Pero no debemos temer a los momentos de dudas y flaquezas. El salmista, desde su sabiduría de miles de años, nos llama a continuar confiados en el Dios de la vida, que trae libertad y redención a su pueblo.
Sonia Skupch