Por eso, nosotros, teniendo a nuestro alrededor tantas personas que han demostrado su fe, dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por delante. Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona. Jesús soportó la cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría; y se sentó a la derecha del trono de Dios.
Hebreos 12,1-2
Vivimos rodeados de ruidos. Ruidos del consumo, de la violencia, de la injusticia ambiental y social. El texto nos invita a soltar lo que nos estorba, lo que nos enreda y nos hace tropezar: el pecado, el egoísmo, el miedo. En este mundo agitado, seguir la carrera con fortaleza es un acto de fe.
Como cristiano, siento que cada paso en esta carrera es por la vida. No solo por la mía, sino por las generaciones que vendrán. Plantar un árbol hoy, defender un río, cuidar la biodiversidad… todo eso es parte de esta carrera. Y aunque a veces duela, como a Jesús le dolió la cruz, sabemos que después del sufrimiento viene el gozo. El gozo de haber hecho lo correcto.
Jesús no se detuvo. Corrió hasta el final. Y nos invita a mirar más allá del presente, con sabiduría y paciencia, con una meta clara: un mundo más justo, más sano, más lleno de amor.
Señor, ayúdame a soltar lo que estorba, a dejar el ruido atrás y a correr con esperanza. Que no me canse de sembrar el bien, aunque no vea los frutos hoy. Amén.
Romario Andrés Dohmann