Lunes 6 de abril

 

Señor, tú eres mi Dios; yo te alabo y bendigo tu nombre… Destruiste los palacios de los enemigos…

 

Isaías 25,1-3

 

Amamos a nuestros enemigos, oramos por quienes nos persiguen, claro que sí, aunque nos cueste, aunque nos duela.
Pero que tenemos enemigos, sí que los tenemos. También nosotros podemos decir con los gobernantes de Jerusalén que

Tus gobernantes son rebeldes y amigos de bandidos.
Todos se dejan comprar con dinero y buscan que les hagan regalos.
No hacen justicia al huérfano
ni les importan los derechos de la viuda. (Isaías 1,23)

Y miramos solamente dos versículos de los dos primeros capítulos de Isaías:

Los orgullosos tendrán que bajar la vista;
los altaneros se verán humillados. (Isaías 2,11)

Nosotros también oramos:

Señor, tú eres nuestro Dios;
Nosotros y nosotras te alabamos y bendecimos tu nombre…

Nosotros también esperamos, Señor, que destruyas los palacios de los enemigos, de los gobernantes amigos de las guerras, que destruyas los palacios de los traficantes de las armas y de las drogas, que destruyas los palacios de los poderosos que no pagan ni quieren pagar impuestos para financiar los hospitales ni las escuelas ni las plazas de nuestros barrios.
Que no seamos un pueblo violento que te honra, sino un pueblo de justicia y de paz, y menos que nos dominen “ciudades de gente cruel”.
Más bien esperamos la manifestación de un Dios

Admirable en sus planes, Dios invencible,
Padre eterno, Príncipe de la paz…
Su reinado quedará bien establecido,
y sus bases serán la justicia y el derecho…
Esto lo hará el ardiente amor del Señor todopoderoso. (Isaías 9.6-7)

Amén, que así sea.

 

Guido Bello

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