Martes 7 de abril

 

Porque tú has sido un refugio para el pobre, un protector para el necesitado en su aflicción, refugio contra la tempestad, sombra contra el calor.

 

Isaías 25,4

 

En nuestra vida nos enfrentamos a aflicciones, incertidumbre y momentos que parecen abrumadores. A veces, las preocupaciones económicas, la enfermedad o los problemas familiares nos hacen sentir como si estuviéramos en medio de una tormenta sin refugio. Sin embargo, la Palabra de Dios nos recuerda que el Señor es nuestra fortaleza y nuestro amparo.
Dios es refugio de los débiles y necesitados. No se trata de un refugio lejano e inalcanzable, sino de uno cercano y constante. Es sombra en el calor sofocante de las preocupaciones, protección contra los vientos tempestuosos de la adversidad y aliento en medio del desánimo.
Recordemos hoy que Dios sigue siendo nuestro refugio y fortaleza.
Y, así como Él nos sostiene, seamos también nosotros manos extendidas de consuelo y esperanza para nuestro prójimo.

 

Carlos Kozel

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