Si ustedes llaman “Padre” a Dios, que juzga a cada uno según sus hechos y sin hacer distinción entre personas, deben mostrarle reverencia durante todo el tiempo que vivan en este mundo. Pues Dios los ha salvado a ustedes de la vida sin sentido que heredaron de sus antepasados.
1 Pedro 1,17-18
Solemos estar de acuerdo en que los hijos que reciben amor, contención y cuidados, y disfrutan de una buena relación familiar, recordarán con cariño todo lo bueno que vivieron en el seno de la familia. También se observa que, de adultos, estas personas pueden reproducir de muchas formas las actitudes y maneras de pensar que demuestran que no han olvidado lo que guardan en sus mentes y corazones.
El apóstol apela a la buena memoria de los creyentes y les recuerda que el Padre, al que invocan, ha demostrado cuánto los quiere, ya que juzga a todos por igual y solo según sus propias obras. Les recuerda que les ha salvado y no los ha condenado. Para ayudarles a recordar, les dice que ahora son nuevas criaturas y que no deben olvidar que son hijos e hijas, hermanos y hermanas, llamados a mostrar “reverencia” a Dios durante toda su vida.
Este respeto a quien los ama tanto solo puede traducirse en amor y gratitud hacia quien tanto quiere su bien. Mostrar respeto y reverencia a Dios significa amarle y amar a nuestros semejantes, ser prójimos de quienes nos necesitan. Por ahí va el camino por donde estaremos dándole sentido a esta vida, la que hoy palpita en nosotros por la gracia de quien llamamos Padre. Amén.
Delcio Källsten