Sábado 18 de abril

Ahora ustedes, al obedecer al mensaje de la verdad, se han purificado para amar sinceramente a los hermanos. Así que deben amarse unos a otros con corazón puro y con todas sus fuerzas. Pues ustedes han vuelto a nacer, y esta vez no de padres humanos y mortales, sino de la palabra de Dios, que es viva y permanente.

1 Pedro 1,22-23

“Amar sinceramente”, nos dice Pedro. ¡Qué flor de pasaje! Ahora bien, ¿amamos de verdad? Tal vez lo hacemos con nuestros seres queridos y con las personas más allegadas. Pero, ¿Amamos a las personas que no me caen bien? ¿Amamos a quienes nos hicieron daño, nos lastimaron? ¿Amamos a quienes cometieron algún delito contra nosotros o contra algún familiar? ¿Amamos?
Jesús dijo: “Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen” (Mateo 5,44). ¡Qué gran pasaje! ¿Cómo amar al abusador, al homicida, al que me golpeó, me lastimó… y así sucesivamente? ¿Se puede? Por supuesto que sí. Si Cristo está en mi corazón, sí se puede. Todo a su tiempo y proceso, para que él pueda sanar mi interior y mi vida. Esto implica, como dice el pasaje, “haber vuelto a nacer”. Un cambio radical en nuestra vida de fe que solo Jesús puede hacer.
Hay maldad en este mundo, pero Jesús la ha vencido, ha vencido a las tinieblas. Y nos puso a ti y a mí para vencer esa maldad y levantar la bandera de la fe. Te invito a que hagamos juntos la siguiente oración:
Querido Jesús, ayúdame a amar a todas aquellas personas que me lastimaron. Líbrame de toda atadura de odio, resentimiento y amargura. Amén.

Emiliano Torres

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