Martes 21 de abril

Me has preparado un banquete ante los ojos de mis enemigos.

Salmo 23,5a

La imagen del banquete en medio de los enemigos no habla de una vida sin conflictos, ni de un camino trazado donde cada paso está predeterminado. Más bien, nos recuerda que aun en medio de tensiones, heridas o desacuerdos, Dios abre un espacio de abundancia y de vida.
No se trata de una seguridad infantil en la que, si estamos “conectados”, todo será armonía y calma. La fe no nos evita el dolor ni nos libra de la confrontación. La vida es un ir y venir, donde a veces sentimos fuerza y otras veces fragilidad, donde encontramos amistad y también hostilidad.
El banquete que Dios prepara no elimina a los enemigos, pero sí transforma la manera en que habitamos ese escenario. Nos invita a descubrir que la última palabra no la tienen ni el miedo ni la violencia, sino la generosidad de un Dios que alimenta y sostiene.
La esperanza no es un control remoto que dirige nuestros pasos desde afuera, sino un don que nos da la libertad de caminar, de elegir, de reconstruir, aun cuando el suelo parezca temblar. Dios no nos maneja como títeres: nos fortalece para que, en medio de la mesa puesta frente a las adversidades, podamos seguir siendo personas capaces de compartir, de perdonar y de vivir con dignidad.

Eugenio Albrecht

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