Miércoles 22 de abril

Y eran fieles en conservar las enseñanzas de los apóstoles, en compartir lo que tenían, en reunirse para partir el pan y en la oración.

Hechos 2,42

Marvin Harris (1927–2001) fue un antropólogo estadounidense que estudió las costumbres, las creencias y las prácticas culturales: alimentación, religión y rituales. En su obra: “Bueno para comer”, analizó por qué algunas culturas consideran ciertos alimentos como sagrados o prohibidos. Harris buscó entender las culturas sin juzgar- las. En “Bueno para comer”, Harris explica que lo que consideramos “comida” o “prohibido”, no es solo una cuestión religiosa o cultural, sino también de sentido práctico: las personas comemos lo que es posible y útil en nuestro entorno.
Las decisiones sobre lo que se come están profundamente ligadas a la vida diaria, a la necesidad y a la organización de la sociedad.
En el texto de hoy se deja vislumbrar las vivencias de esas incipientes comunidades que compartían la fe en sus prácticas cotidianas, como por ejemplo comer, rezar, amar, agradecer y ofrecer algo. Claramente no eran prácticas superficiales, sino tenían y tienen un sentido profundo, social y espiritual. Dios ve el corazón detrás de cada acto. No se trata solo de lo que hacemos, sino cómo y por qué.
Así como Harris muestra que las decisiones alimentarias tienen razones profundas, y en nuestras comunidades lo sabemos no solo porque celebramos la Santa Cena, sino porque una y otra vez experimentamos lo bueno que es reunirnos a comer en una fiesta parroquial, donde ofrecemos a Dios Padre de todo, esa unión fraternal y sorora en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Renato Grazzini

 

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