Dichosos ustedes, si alguien los insulta por causa de Cristo, porque el glorioso Espíritu de Dios está continuamente sobre ustedes.
1 Pedro 4,14
Este versículo bíblico convive conmigo y, de vez en cuando, resuena con más fuerza de la que podría imaginar. El insulto, el sufrimiento personal o de personas conocidas nos acecha en diferentes momentos. El insulto, el sufrimiento personal o de quienes conocemos, en diferentes oportunidades nos encuentra. Permitámonos una fe con preguntas, procesos, y quizás cambios en el bien sufrir por lo que creemos, vale preguntarnos cómo vivimos y a veces duele lo que creemos. También podemos pensarlo desde otra perspectiva, porque lo que creemos muchas veces no encaja con situaciones que nos toca atravesar; entonces estoy tan convencida como el mismo Pedro, que vale sufrir insultos por vivir acorde a cómo Jesús me va mostrando, es justamente por ahí dónde me sumerjo en la profundidad de la Palabra de Dios hoy y en las distintas circunstancias.
A lo largo de la carta, el apóstol Pedro aborda diferentes aspectos del tema del sufrimiento. Si bien él no fue testigo directo de los sufrimientos de Cristo crucificado, ya que huyó con los demás, había sido testigo de los sufrimientos de Jesús rechazado, traicionado y negado.
Te invito a ponernos en camino, a seguir aprendiendo cómo respondemos en las situaciones que se oponen al amor y a la vida digna que Jesús sembró. Ser mal tratados, insultados porque sabemos en quién creemos y confiamos es la capacidad que nos da le fe, la fuerza del Espíritu de Dios para poner al descubierto lo que no debe quedar oculto y decir lo que no puede quedar callado, es encarnar a Jesús en cada acción. ¡Sigamos, que él viene con nosotros!
Marisa Andrea Hunzicker