Dejen todas sus preocupaciones a Dios, porque él se interesa por ustedes.
1 Pedro 5,7
Cada semana nos tomamos un momento para juntar nuestras manos y orar. Primero charlamos sobre cómo está, cómo se siente, lo vivido en los últimos días y a veces volamos en el tiempo con sus historias de otra época. Ella tiene cicatrices en su corazón, las de las pérdidas que te acompañan toda la vida; sus cabellos blancos, grisáceos y sus manos arrugadas siempre bien dispuestas. Con sus ochenta y tantos años, dice que trabajar con la tierra, con la pala, sacando yuyos y sembrando, ahí encuentra tranquilidad.
Su cara se va transformando en cada encuentro, porque, entre lágrimas, reclamos y risas que nunca faltan, antes de despedirnos, espera la oración. Y cuando juntamos nuestras manos y le contamos a Dios lo que él ya sabe, pero nosotras necesitamos sacarlo, dejárselo a él, su cara se va transfigurando.
Dejale a Dios tus preocupaciones, porque él se interesa por vos. Yo lo sabía, pero ella, me lo volvió a enseñar. Y vos ¿te dejás aliviar? Hoy es el tiempo justo para permitirle que él se interese por vos, por ustedes. Ayudémonos como comunidad, seamos iglesia que aliviana las preocupaciones y ayuda a llevar las cargas, seguro que hay alguien, por ahí cerquita nomás, que lo está necesitando. Jesús encarnado en cada gesto que trae alivio y paz. Y mientras, podemos ir cantando:
“Si tu hablaras con Dios, las cosas cambiarán, orando. Cualquier necesidad Dios la resolverá, orando. Confía en el Señor, tus penas dile a él, orando, bendita oración, yo puedo hablar con Él, orando”.
Marisa Andrea Hunzicker