Estemos dispuestos a conocer al Señor; ¡busquémoslo, y él vendrá! Él es tan seguro como el amanecer. Él vendrá a nosotros como la lluvia de otoño, como la lluvia temprana que riega la tierra.
Oseas 6,3
Muchas veces me pregunto cuánto conocemos a Dios los que decimos ser cristianos. ¿Cómo y en qué momento sentimos la sacudida de su presencia? Conocer a Dios es un viaje continuo que no se basa en el conocimiento intelectual, sino en la relación personal y profunda con el creador, que se alcanza con dedicación, perseverancia, apertura y entrega. Esta relación permite sentir paz y confianza a pesar de la tormenta que pueda envolver nuestras vidas.
La promesa de que él vendrá a nosotros, cuando nosotros lo busquemos, es la certeza de que nos hizo libres para elegir, si lo queremos cerca o no, pero, nos dice, “Yo estoy aquí siempre, dame la oportunidad de estar en tu vida”.
Imagino que la llegada de Dios a nuestras vidas es como el regreso de la lluvia a la tierra después de meses de sequía: es un nuevo comienzo, un nuevo amanecer, una nueva oportunidad; es renovación y crecimiento espiritual; es la certeza y la confianza plena de que después de su llegada nada será igual.
Padre celestial, ayúdanos a no conformarnos con una fe superficial, permítenos conocerte de manera genuina y profunda, permite que tu presencia transforme nuestras vidas.
Iris Reckziegel