Sábado 6 de junio

Cuando ya no había esperanza, Abraham creyó y tuvo esperanza, y así vino a ser “padre de muchas naciones”, conforme a lo que Dios le había dicho: “Así será el número de tus descendientes”.

Romanos 4,18

El apóstol Pablo nos dice: Cuando ya no había esperanza, “Abraham creyó”.
Hoy confiados en la misma esperanza, viviendo la misma fe, profesamos que: cuando ya no había esperanza, la lluvia paró, las aguas bajaron, la solidaridad se hizo carne y el volver a empezar no cuesta tanto.
Cuando ya no había esperanza, los barbijos se corrieron, volvieron las sonrisas, los abrazos y los encuentros en un café.
Cuando ya no había esperanza, un grupo de jóvenes se auto convocó e hicieron una campaña de limpieza de ríos.
Cuando ya no había esperanza, pueblos se unieron para plantar cientos de árboles y decir basta a la desforestación.
Cuando ya no había esperanza, improvisamos una mesa larga, una puerta abierta, para saciar el hambre y la soledad.
Cuando ya no había esperanza, suena una melodía que conocemos todos, nos une en alabanza, nos hermana.
Cuando ya no había esperanza, levantamos la vista, descubrimos un cielo de colores y es en ese instante que nos sentimos descendientes de Abraham, no por herencia, sino no porque creemos en la promesa de Dios resucitado, mediante acciones de amor.
Dios de la esperanza abre nuestros corazones para no sentirnos solos, que podamos seguir alimentando nuestra fe, contagiando y dando testimonio de tu palabra.

Betina Wagner

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