2° domingo después de Pentecostés | 10° en el año
Jesús lo oyó y les dijo: —Los que están buenos y sanos no necesitan médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan el significado de estas palabras: “Lo que quiero es que sean compasivos, y no que ofrezcan sacrificios”.
Mateo 9,12-13
En este domingo es el mismo Jesús que nos deja un mandato directo, pero a su vez nos podemos encontrar en la vereda de enfrente. Si soy yo, quien necesita esa compasión, que viene más allá de un acompañamiento físico o espiritual. Si sos vos, que no busca un sacrificio que aliviane, más bien recibir una acción de misericordia.
Muchos de los laicos que integramos comisiones, grupos de trabajo, actividades de oficinas, u otros ministerios no ordenados, tomamos el evangelio de Jesús, como bandera para salir al encuentro, dispuestos a dar testimonio en hechos por él; sin embargo, nos cuesta reconocernos como necesitados de la acción de las palabras del maestro, sobre nuestras vidas.
En un momento, ante un desafío importante de la congregación, que inquietaba mis días un pastor llegó, escuchó, miró y me dijo: “Es mi deseo que tengan misericordia con vos”, y esa palabra caló hondo en el corazón, la mente y el alma. Quedó resonando, palpitando y fue como un soplo de vida, que empezó a caminar no a mi sombra, sino en mí.
“Llámame cuando estés angustiado; yo te libraré, y tú me honrarás”. (Salmo 50,15).
Que las palabras del salmista puedan hacerse hechos en nuestras vidas hoy y siempre, amén.
Betina Wagner