Servid a Jehová con alegría.
Salmo 100,2a
Este salmo es un himno de alabanza a Dios, en el cual se le alaba como rey de toda la creación, y era cantado mientras se entraba en el templo.
Se nos invita a cantar con alegría, servir con alegría, ir ante su presencia con regocijo, por ser cada uno de nosotros creación suya, pueblo suyo y ovejas de su prado.
Esta palabra nos debe hacer reflexionar en cuanto a que, muchas veces, nos quejamos y sentimos que el servicio que hacemos en la iglesia es una carga. Servir deja de ser un motivo de alegría y se transforma en un deber o en una obligación.
Con frecuencia escuchamos frases como estas: “Somos pocos”; “siempre somos los mismos”; “estoy cansado de remarla solo”, “todos se aprovechan de mi”, etc.
Junto con lo que el salmo nos muestra en cuanto a nuestra condición ante nuestro Padre celestial, para que todo lo que hagamos lo hagamos con alegría, quizás deberíamos aprender a delegar, a decir “no”, a pedir ayuda, a no ser tan perfeccionistas, etc. De esa forma, volveremos a tener alegría y paz en el corazón.
Oremos: Querido Padre celestial, danos la iluminación de tu santo Espíritu para que podamos conocer, mediante tu palabra revelada y la oración, cada día más a Cristo para que de esta forma su carácter se refleje en nuestra vida.
“La alegría está en el corazón, de aquel que conoce a Jesús; la verdadera paz la tiene aquel, que ya conoce a Jesús.
Un sentimiento más precioso que viene del Señor, es el amor de aquel que ya conoce a Jesús”. Aleluya. Amen
Omar Darío Dalinger