Martes 9 de junio

Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza. ¡Alabadlo, bendecid su nombre!

Salmo 100,4 (RVC95)

Una de las cosas positivas que nos dejó la pandemia fue el uso de las tecnologías. Entre todas las cosas que tuvimos que aprender, estuvo el uso de la plataforma Zoom. La utilizamos para dar y recibir clases, hacer reuniones e incluso asambleas.
Fue, y sigue siendo, una herramienta muy útil para la comunicación entre las personas.
También hemos tenido que realizar, y seguimos realizando, a petición de los miembros, cultos virtuales, que luego viralizamos para llegar, en teoría, a los hogares de las personas que, por una causa u otra, no pueden asistir a los cultos presenciales.
Sin embargo, como los seres humanos tendemos a vivir según la “ley del menor esfuerzo”, aunque podríamos asistir a los cultos, preferimos quedarnos en casa y verlos por televisión, computadora o teléfono móvil. Así nos privamos de la comunión con los hermanos.
No es lo mismo “entrar” en Internet que en el templo. El Salmo nos manda entrar en él y nos dice la causa para hacerlo: porque Jehová es bueno, su misericordia es para siempre y su fidelidad perdura por todas las generaciones.
Oremos: Querido Padre, pon en mi corazón el deseo de entrar en tu templo. Ayúdame a obedecer el mandato que me das en el libro de los Hebreos, donde me dices que no deje de congregarme como algunos tienen por costumbre. Que pueda estrechar manos, dar be- sos santos, escuchar tu palabra, orar y compartir los sacramentos del bautismo y la santa cena, mi “remedio espiritual”.

Omar Darío Dalinger

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